¿Qué varón fué ése, preguntaron, de tanta importancia y autoridad?

Era el gobernador de la ciudad y aun dicen hijo de la misma reina Honoria. No había Licurgo como él ni hubo jamás república de Platón tan concertada como ésta. Todo el tiempo, que él la asistió, no se conocían vicios ni se sonaba un escándalo, no paraba malhechor ni ruin. Don Pedro
Pablo Zapata.
Porque todos le temían más que al mismo gobernador de Aragón. Más recababa su respeto, que las mismas leyes, y más le temían á él, que á las dos columnas del suplicio. Pero luego que él faltó, se acabó todo lo bueno.

¿No nos dirías quién fué un personaje tan insigne y tan cabal?

Provechos
del qué dirán.

De verdad que era bien nombrado y me espanto mucho no deis en la cuenta. Éste era el prudente, el atento, el temido ¿Qué dirán?, sujeto bien conocido, que los mismos príncipes le respetaban y aun le temían, diciendo:

¿Qué dirán de un príncipe como yo, que debiendo ser el espejo, que compone todo el mundo, soy el escándalo, que lo descompone?

¿Qué dirán, decía el título, que no cumplo con mis obligaciones, siendo tantas, que degenero de mis antepasados, famosos héroes, que me dejaron tan empeñado en hazañas y yo me empeño en bajezas?

¿Qué dirán de mí, decía el juez, que atropello la justicia, debiéndola yo amparar y de juez me hago reo? Eso no dirán de mí.

Cuando más acosada la casada, acordábase dél y decía:

¿Qué dirán de mí, que una matrona como yo de Penélope me trueco en Elena, que pago mal el buenproceder de mi marido con mi malparecer? Eso no, líbreme Dios de tan mal gusto.