Pues si eso es, llamáranle Eco de la necedad. Pero díme: ¿cómo no le tuvieron por dios los antiguos, así como á Momo y con más razón, por ser más plausible y más agradable?
Hay mucho que decir en eso. Sienten unos que, aunque siempre trata de lisonjear, como cada uno piensa que se le debe lo que se le dice, ninguno lo agradece. Sirve á muchos y ninguno le paga y morirá comido de lobos. Otros dicen que realmente no es de provecho en el mundo, antes de mucho daño. Lo cierto es que la malicia humana no ha estimado tanto sus simplicidades, cuanto temido las quemazones de Momo.
Alborotóse mucho éste, luego que le vió. Trabóse entre los dos una reñida pendencia. Acudieron todos los apasionados de ambos, haciéndose á dos bandas. Lisonja
perniciosa. Los sátrapas, los críticos, entendidos, bachilleres, podridos, caprichosos, satíricos y maldicientes, se empeñaron por Momo. Al contrario, los panarras, buenos hombres, amenistas, lisonjeros, sencillos y buenas pastas se hicieron á la banda de Bobo. Critilo y Andrenio se estaban á la mira, cuando se llegó á ellos un prodigioso sujeto y les dijo:
No hay mayor necedad que estárselas oyendo. Si venís en busca de la Honra, seguidme, que yo os guiaré adonde está la honra del mundo entero.
Dónde los llevó y dónde realmente la hallaron se queda para otra Crisi.
CRISI XII
El trono del mando.
Competían las Artes y las Ciencias el soberano título de reina, sol del entendimiento y augusta emperatriz de las letras. Después de haber hecho la salva á la sagrada Teología, verdaderamente divina, pues toda se consagra á conocer á Dios y rastrear sus infinitos atributos, Competencia
de las Ciencias. habiéndola sublimado sobre sus cabezas y aun sobre las estrellas, que fuera indecencia adocenarla, prosiguióse la competencia entre todas las demás, que se nombran de las tejas abajo luceros de la verdad y nortes seguros del entendimiento.
Viéronse luego hacer de parte de ambas filosofías todos los mayores sujetos, los ingeniosos á la banda de la natural y los juiciosos de la moral, señalándose entre todos Platón, eternizando divinidades, y Séneca sentencias. No fué menos numeroso ni lucido el séquito de la humanidad, gente toda de buen genio. Y entre todos un discreto de capa y espada, habiendo arengado por ella, concluyó diciendo: