EL CAZADOR.

No, no, permaneced todavia, partireis mas tarde, vuestro espiritu y vuestro cuerpo tienen necesidad de mas descanso. De aqui a algunas horas estareis mejor, os servire de guia, ?pero adonde iremos?

MANFREDO.

Conozco el camino y no necesito guia.

EL CAZADOR.

Vuestros vestidos y vuestro aire anuncian un hombre de un nacimiento distinguido; vos sois sin duda uno de los senores cuyos castillos dominan los valles; ?cual es vuestra morada? Yo no conozco sino la puerta de los palacios de los grandes. Mi modo de vivir me conduce muy rara vez a sus vastos hogares, para sentarme alli al rededor del fuego con sus vasallos; pero los senderos que se dirigen a dichos castillos me son muy conocidos desde mi infancia. ?Cual es el que os pertenece?

MANFREDO.

Poco te importa.

EL CAZADOR.

iY bien! perdonadme mis preguntas; pero dignaos estar mas alegre. Venid a gustar mi vino; es muy viejo: muchas veces me ha confortado el corazon en medio de nuestros hielos; recurrid a el para reanimar vuestro valor. Vamos, bebamos juntos.