EL ABAD.

Jamas puede serlo para reconciliaros con vuestra alma, y para reconciliarla con Dios. ?No teneis ya esperanza? Estoy admirado: aquellos que desesperan del cielo se crean sobre la tierra alguna fantasma que es para ellos como la debil rama a la que se agarra un desgraciado que se esta ahogando.

MANFREDO.

iAh! padre mio; iyo tambien en mi juventud he tenido ilusiones terrestres y nobles inspiraciones! entonces hubiera querido conquistar los corazones de los hombres e instruir a todo un pueblo; hubiera querido elevarme, pero no sabia hasta que altura … quizas para volver a caer; pero para caer como la catarata de las montanas, que precipitada desde la cumbre orgullosa de las rocas, acumula una onda subterranea en las profundidades de un abismo; pero temible todavia, vuelve a subir sin cesar hasta los cielos en columnas de vapores que se transforman en nubes lluviosas. Este tiempo paso; mis pensamientos se han enganado a si mismos.

EL ABAD.

?Y porque?

MANFREDO.

No podia humillar mi orgullo, porque para poder mandar algun dia, es necesario primero obedecer, lisonjear y pedir, espiar las ocasiones, multiplicarse a fin de encontrarse en todas partes, y hacerse una costumbre de ocultar la verdad; ved como se consigue el dominar los espiritus cobardes y bajos, y asi son los de los hombres en general. Desprecie el hacer parte de una camada de lobos aunque hubiera sido para guiarlos. El leon esta solo en el bosque que habita; yo estoy solo como el leon.

EL ABAD.

?Y porque no vivir y obrar como los demas hombres?