LIBRO PRIMERO
POESÍAS PATRIÓTICAS
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I
Á LA
DERROTA DEL QUEBRACHO
(CON MOTIVO DE LA MUERTE DE RUFINO VARELA)
Corramos al combate, á la venganza
Y el que niegue su pecho á la esperanza
Hunda en el polvo la cobarde frente.
QUINTANA.
Cuando tremolen patrios pabellones
Anunciando del pueblo la victoria,
Entone el vate bélicas canciones
Y cante los guerreros y la gloria;
Mas si la patria yace en agonía
Rompa el canto á la fúnebre elegía.
Cuando en liza ó al pié de la muralla
Derrotados se miren los valientes,
Cuando vea que el plomo y la metralla
Ha postrado patriotas eminentes,
Arda su pecho en fuego sacrosanto
Y entone de la guerra el noble canto.
Cuando un laurel los déspotas levanten
Y en medio de los brindis de la orgía
El triunfo impío en su insolencia canten,
Fulmine su tremenda profecía,
Y anuncie con su voz aterradora
De libertad la celestial aurora.
Sí, que del vate la mision sagrada
Es inflamar del bravo el ardimiento,
Dar nuevo temple á la fulmínea espada
Con el soplo encendido de su aliento,
Y al fúnebre clamor de la derrota,
Alzar del libre la bandera rota.
Para probar los pueblos de la tierra,
Para templar las almas de los bravos,
En medio del estruendo de la guerra
Dios suele coronar á los esclavos,
Mas luego con su mano poderosa
Los hunde de la noche en la honda fosa.
En la derrota el pueblo valeroso
Templa su brazo y su robusta lanza,
Para volver despues mas ardoroso
Y entre el polvo, la sangre y la matanza,
Y entre el humo que envuelve la pelea
Desafiar el cañon que centellea.
Cancha-Rayada viera con denuedo
A los héroes de Mayo caer vencidos,
Pero sin dar cabida al torpe miedo
Alzaron sus pendones abatidos,
Al cielo sus espadas elevaron
Y en sus hombros la patria sustentaron.
Imitemos nosotros su alto ejemplo:
El pendon de la patria enarbolando
Marchemos de la gloria al sacro templo
«O muerte ó libertad» todos clamando;
Y apoyando la planta en los escombros
La libertad alcemos en los hombros.
Aquel cobarde que del triunfo dude,
Quien al tirano eternizado crea,
El que á los gritos del honor no acude
Y do el pendon de libertad flamea,
Ese es un vil de corazon cobarde
Do el entusiasmo de la patria no arde.
¿Y quién no abriga fuego sacrosanto
Y vuela con ardor á la batalla?
¿A quién detiene ni el amor, ni el llanto,
Ni el silbo de la bala y la metralla?
¿Quién por la patria perecer no jura
De Varela en la yerta sepultura?
Los atrevidos cantos de la guerra
Resuenen en la losa del soldado,
Y de flores cubramos esa tierra
Donde cayó sin vida, ensangrentado,
Y de la patria el estandarte santo
Sea de paz y proteccion su manto.
No débil llanto su cabeza inunde!
Que una corona del laurel sagrado
Su frente polvorosa orne y circunde,
Y empuñando su hierro ensangrentado,
La juventud que á combatir se apresta
Muestre la enseña de la patria enhiesta.
El funeral del martir generoso
Le corresponde al pueblo redimido,
Cuando libre del yugo vergonzoso
La pira encienda en el altar ungido,
Y cuando puedan respirar sus almas
Y sus manos alzar cívicas palmas.
Vamos á conquistarle noble tumba
En la tierra natal purificada,
Para que aquel que en esta lid sucumba
Pueda dormir en tierra libertada,
Y no sean sus huesos quebrantados
Por tiranos ni siervos pisoteados.
Duerme en tanto en el campo de batalla
Mientras su patria gime en servidumbre;
Mientras la fé del corazon desmaya
Y el hierro se carcome con la herrumbre;
Cuando el tirano al vernos en derrota
Con su lauro la espalda nos azota!
¿Quién es el vil que ríe, canta y danza
Cuando el lamento de la patria suena,
A sus hijos llamando á la venganza?
Y si el cañon de la batalla truena,
Quién el torpe que el miedo no sacude
Y al grito ronco del honor no acude?
Juventud de mi patria, los laureles
Se conquistan peleando con bravura,
Y la lira, la pluma ó los cinceles
No eternizan jamás progenie impura:
Los genios á los fuertes divinizan
Y á los cobardes con su planta pisan.
Vuestros padres, titanes todos fueron,
Que desplegando al viento sus banderas
Contra un poder gigante combatieron,
Y encima de las altas cordilleras
Lanzaron sobre el leon de las Españas
Del pueblo irresistible las montañas.
Y vosotros, qué sois? flojos pigmeos
Sin brazos, sin espada, sin creencia,
Temblando ante el tirano como reos
Sofocando la voz de la conciencia...!
Y bebereis oprobio eternamente
Sin levantar la deslustrada frente!
Mas así no será, que de Varela
Todos van á clamar sobre la tumba,
Que es un cobarde el que á pelear no vuela,
Su canto de victoria ya retumba
Y en medio de las huéstes debeladas
Resuena el estridor de las espadas.
En esa triste y yerma sepultura
Entonad los cantares de la gloria,
Ensalzad el martirio y la bravura
Y volad en seguida á la victoria
A recoger laureles inmortales,
Cantando con denuedo: «Oid mortales!»
Imitad su constancia y bizarría
Y el alto ejemplo que su vida abona,
Que de la Patria en el hermoso dia
El pueblo os ceñirá sacra corona,
Y vuestra muerte con guerrera pompa
Publicará la fama con su trompa.
Empuñad una lanza vibradora,
Abandonad el ócio y la molicie,
Arrimad una mano protectora
Antes que nuestra patria se desquicie
Y arrastre en su caida soberana,
La libertad, la gloria americana.
II
RECUERDOS
DE BUENOS AIRES
———
¡Oh patria! oh Buenos Aires! oh sueño de mi vida!
Como inmortal recuerdo reinas en mi memoria
Recorriendo los dias de dicha promisoria
Que en tu seno amoroso, Buenos Aires, pasé.
Recuerdo la ribera do á meditar yo iba
Y el árbol perfumado que sombra me prestaba,
Recuerdo los momentos en que se deslizaba
Mi vida por un lago sereno de placer.
¡Oh patria, oh Buenos Aires! tú ocupas hoy la mente
De miles de proscriptos por tierras estrangeras,
De grandes ciudadanos á los que el ser tu dieras
Y vagan desterrados del suelo de su amor;
Y tu eres para ellos el sueño de su vida,
Eres la blanca estrella que guia al peregrino,
Y en noche tempestuosa le enseña su camino
Como astro de los mares que alumbra al viajador.
Pasaron ¡ay! pasaron las puras alegrias,
Y errante y solitario por playas estrangeras
Poeta peregrino, con quejas lastimeras,
Al pais de mis recuerdos dirijo esta cancion.
En vez de ornar con flores las cuerdas de mi lira,
Pensando en Buenos Aires las riego con mi llanto,
Y encuentro entre esas gotas amargas de quebranto
En los recuerdos nobles viril consolacion.
¡Oh patria! Aunque de lodo te cubran la cabeza
Yo siempre con orgullo pronunciaré tu nombre,
Diré que con tus hechos ganaste un gran renombre
Que oscurecer no pueden mil siglos de baldon.
¡Ah! vuélvante la espalda degenerados hijos:
Yo inclinaré mi frente ante tu altar caído,
Y besaré la orla del manto carcomido,
Llorando tus desdichas, cantando tu esplendor.
En vano en los albores de una existencia estéril
Abandoné tus playas; no te olvidé por eso,
Como al dejar la bella que nos brindó su beso
Dá mas placer al alma pensar en él despues.
Atravesando mares y recorriendo campos,
La pluma manejando con la ñudosa lanza,
Vivificado siempre por íntima esperanza
Jamás he sacudido tu polvo de mis piés.
Si leo algun escrito que nombra á Buenos Aires
Sus páginas exalan magnético perfume,
Y todas las palabras mi mente las asume
Como el rocío puro que cae sobre la flor;
Y entonces se presentan á mi memoria triste
Tus torres, tus jardines, tus calles animadas,
Tu cielo hermoso y puro, tus brisas perfumadas,
Tu rio, tu horizonte, tu hermoso bicolor.
¿Dó están aquellas plazas llenas de movimiento,
Sus altas catedrales, sus grupos bulliciosos,
Sus verdes arboledas, sus alazanes briosos,
Que ofrecen á la vista contínua variedad?
¿Qué es del perfume suave del polvo de la patria,
De aquel aroma puro de sus lozanas flores,
De sus flotantes nubes de vívidos colores,
De la dulzura grata de su agua de cristal?
Tus magas misteriosas contemplo entusiasmado
El rayo de la luna bañando su alba frente,
Con blancas vestiduras cruzar rápidamente,
Cual cruza por los aires celeste aparicion.
Mi mente acalorada poblando los espacios
Admira la aérea forma que tienen las porteñas,
Sus ojos que derraman miradas halagüeñas,
Sus lábios que destilan el bálsamo de amor.
Y veo en mis ensueños tus bailes voluptuosos,
Salones que perfuman las ninfas Argentinas,
Y grupos en que brillan sonrisas peregrinas—
Cual no las ha fijado de Fidias el cincel.—
Y siento entre los giros del valz, que corre, vuela,
La brisa que producen las alas del ambiente
Cargadas con efluvios que envuelven dulcemente
Mi corazon y mi alma, mi espíritu y mi ser.
¡El valz! silfos alados sin duda lo inventaron
Al ver entretegida la madreselva airosa
En torno de la encina que altiva y vigorosa
Se viste con sus galas cuando sus brazos dá!
Así te me presentas ciudad fuerte y hermosa
Pendientes de tus brazos tus hijas hechiceras,
Como guirnaldas ténues que adornan las palmeras,
Y al recibir su apoyo le dan su emanacion.
No suenan en mi oido las dulces vidalitas
Que en medio de la noche modula el tucumano,
Ni los sentidos Tristes que repite el riojano,
Ni el alegre cielito que el porteño hace oir;
Cantares de mi patria, al abrir yo mis ojos
Susurrabais suaves á la par de mi cuna,
Y vuestro éco inefable en las noches de luna
Es música del alma que el alma sabe oir.
A veces, paseando de noche por las calles
De la dulce guitarra el éco me encantaba,
Cuando el amante tierno un Triste modulaba
Al pié de los balcones del ángel de su amor.
Mientras, tal vez la niña oyendo las canciones
Que desde la ventana le enviaba su querido,
Entre cendales albos el plácido sonido
Llenaba su alma y mente de plácida ilusion.
No veo el rio hermoso, de mástiles cubierto
Como un espeso bosque de gigantescos pinos,
Ni aquel conjunto bello de buques Argentinos
Que ostentan sus pendones bañados por el sol;
No veo el alta torre del templo magestuoso
Cuyo círculo cubre la gloria con sus alas,
Al verle acribillado de las rugientes balas
Que el cañon Argentino lanzara á Whittelok.
No veo aquellos muros que consagró la gloria
Cuando asilado en ellos ejército estrangero,
El pueblo omnipotente con ademan severo
Hizo rendir la espada del bravo Berresford;
No veo el foro inmenso do fueron nuestros padres
A usar de los derechos que Dios les concedia,
Ni el balconage rústico donde el Cabildo un dia
La gran soberanía del pueblo proclamó.
No veo la tribuna do ardientes oradores,
El pan de la palabra caliente derramaban,
Y desde lo alto de ella terribles fulminaban,
Rayos á los tiranos con santa indignacion;
No veo el pueblo inmenso la catedral llenando,
Oyendo los sonidos del órgano, suaves,
Ni entre nubes de incienso cruzando por las naves
Leopardos, quinas, leones, mirar con emocion.
¡Oh patria! como esclava suspiras en cadenas,
Cubiertas de cadalzos tus calles enlutadas,
Marchitos tus laureles, tus glorias mancilladas,
Ajada tu bandera de gloria y esplendor;
Tu seno profanado por déspota cobarde
Que duerme resguardado de míseros esclavos,
Que en su calvario triste remachan férreos clavos
Al pueblo generoso que en Mayo se elevó.
Pero ¡ay! de tí, apartado y errante por el mundo,
Hijo desheredado de tu cariño inmenso,
De la estranjera playa te quemo el puro incienso
Que á tí tan solo, oh madre! me es dado tributar.
No solo en llanto estéril he de inundar la tierra:
Mis vacilantes manos arrimaré á tus aras;
Si derrumbadas bajan.... entre reliquias caras
Feliz si entre su polvo, me puedo sepultar!