III
LA MUERTE
DE ZACARIAS ALVAREZ
(EN LA BATALLA DEL SAUCE GRANDE)
———
Los gritos de los bravos,
El ¡ay! de los esclavos,
Y el trueno del cañon;
Del plomo los rugidos,
Del sable los crugidos,
Y el golpe del tambor.
Del potro las carreras,
Los vivas y los mueras,
Y el toque del clarin,
Cual trueno tramontano
Que asorda todo el llano
Retumba en el confin.
Y en medio á las legiones
Penachos y pendones
Se miran tremolar;
Y en la humareda envueltos,
Como cabellos sueltos
Del sol se ven flotar.
Los bravos se adelantan,
Y el polvo que levantan
Con ímpetu veloz,
Sus rostros ennegrece,
Y entre él desaparece
La enseña del honor.
El Escuadron de Maza
Sin casco ni coraza
Se avanza con valor,
Y su entusiasmo brilla
Como en verde cuchilla
Los reflejos del sol.
Y con marcial fiereza
Se mira á su cabeza
Zacarias marchar:
Alma grande y altiva
Que renunció la oliva
Del pacífico hogar.
Y voló á la batalla,
Y la acerada malla
Y el plomo despreció,
Y al frente de sus bravos
De Rosas los esclavos
Valiente acuchilló.
Potentes escuadrones
Al pié de los cañones,
Su lanza dispersó,
Y en medio á sus fusiles
Y bayonetas viles
Su caballo dejó.[1]
Al frente de su tropa
Zacarías galopa
Y hace el suelo crugir,
Y la potente lanza
Blandida con pujanza
Se mira relucir.
Magnífica tremola
La bella banderola
Del ínclito campeon,
Y en medio á la pelea
La moharra centellea
Como una exalacion.
Escúchase un redoble:
La infantería inmoble
Sus armas descargó.
Y al ver sus bayonetas
«Á la carga, cornetas!»
Zacarías gritó.
Y todos enristraron
Y en pos de él se arrojaron
Sus lanzas á estrellar.
¿El plomo y la metralla,
El foso y la alta valla
Su furia detendrá?
Proteja Dios al fuerte
Que va á retar la muerte
Cargando con valor!
Y si caer le toca,
Caiga como una roca
Con ímpetu y fragor.
Y en la veloz carrera
Flameaba la bandera
Del ínclito Escuadron,
Y al ver la artillería
Su gefe le decía:
«Soldados, al cañon!»
Mas ¡ay! bala traidora
De pronto silvadora
Su pecho traspasó;
Y con ferrea pujanza
Apretando la lanza
Moribundo cayó.
Alzando la cabeza
Repite con firmeza:
«Avance el Escuadron!
«Este es mi adios postrero...
«Yo por la patria muero...
«Soldados, al cañon!»
Ningun soldado gime,
Pero dolor sublime
Las frentes inundó;
Mas él del hondo seno
Lanzaba voz de trueno:
«Soldados, al cañon!»
Y el Escuadron valiente
A la batalla ardiente
Con furia se lanzó,
Y en la garganta estrecha
Y encima de la mecha
Su gefe le miró.
Y su bandera viendo
Él esclamó muriendo:
«¡Oh de mi Patria sol!»
Y su cabeza noble
Como gigante roble
Al polvo descendió.
Murió como un valiente
De su Escuadron al frente
Cargando con valor,
En un túmulo inmenso
Y en medio del incienso
Del taco del cañon.
No cánticos pagados...
Sus voces sus soldados
Alzaron en loor;
No funerales fuegos...
Ardientes lanzafuegos
Brillaron en su honor.
No triste terciopelo,
Ni lágrimas de hielo,
Ni orgullo y vanidad;
Banderas le envolvieron,
Y ¡vivas! le siguieron
A la mansion de paz.
IV
AL SOL DEL 25 DE MAYO DE 1844
(EN MONTEVIDEO SITIADO)
———
Cascadas del Niagára y Tequendama
Donde el agua de un mundo se derrama
Para apagar de América la sed!
Amazonas, Ontario, bello Plata,
Donde la vírgen pura se retrata
En la márgen bañándose los pies!
Pampas inmensas, selvas olorosas,
Del Andes cordilleras orgullosas
Que corona la ardiente cruz del Sud!
Perfumaos como nube de incensario,
Armonizaos cual himno del santuario
Para decir de Mayo al Sol: Salud!
Salve, página inmensa de la historia,
Divino resplandor de la memoria,
Fuente de perennal inspiracion!
En tus alas de fuego me sublimas,
Y al entusiasmo sacro en que me animas
Calientas mi cabeza y corazon.
Hoguera abrasadora del gran Mayo,
Do se incendió terrible como el rayo
El fuego de un pensar generador;
Que el corazon templó cual hierro fuerte,
Y dió existencia á la materia inerte,
Como el soplo divino del Creador.
Al vivífico rayo de tu lumbre
Se estremeció la inmensa muchedumbre
Y el polvo del esclavo sacudió;
Allí surgió la dignidad humana
En la nacion potente y soberana
Que el soplo democrático animó.
Allí, genios pujantes, inspirados,
Formularon derechos conculcados
En solo una palabra: ¡Libertad!
Y Dios vertió con generosa mano
Perfumes sobre el mundo Americano,
Y le dijo: «Naciones, levantad!»
La inspiracion del alta inteligencia,
El calor de la intrépida elocuencia
En el astro de Mayo concentró;
Y del ardiente labio de Moreno
Se desprendió de su palabra el trueno
Y el programa de Mayo formuló.
«Derribemos su trono al despotismo,
«Abramos ancha via al patriotismo,
«Alcemos los fanales de la Ley;
«Rompamos su barrera á la ignorancia,
«Alumbremos la mente de la infancia,
«Y ennoblezcamos á la humana grey!»
Esta palabra el entusiasmo inflama,
Prende en los corazones noble llama,
Que como chispa eléctrica cundió:
Y cual hierve entre escollos la marea,
Hirvió entre las cabezas una idea
Que dió vida á la gran revolucion.
Revolucion sin lanzas ni fusiles,
Un alto pensamiento fué su Aquiles,
Y la razon su escudo tutelar;
Revolucion fundada en la justicia,
Que tuvo los principios por milicia,
Y por columna ardiente la verdad.
Revolucion con cauda de cometa,
Que atravesó el espacio, cual saeta
Despedida del arco del Señor;
Parto de mil ideas generosas
Que volaron en chispas luminosas
Por todo el continente de Colon.
Solo una vez brillaron sus espadas:
Para romper cadenas execradas,
Y sostener las tablas de la Ley;
Para postrar esclavos y tiranos,
Para afirmar los vínculos de hermanos,
Y atarlos con cadenas de laurel.
Tuvo ejércitos, grandes generales,
Que pasearon gloriosas y triunfales
Sus banderas, del pueblo paladion;
Y de los Andes en la blanca cima,
En Chile hermoso y opulenta Lima
Postraron al ibérico leon.
Legisladores de alta inteligencia
Que encendieron la luz de la esperiencia
Para legar un pacto al porvenir,
De Independencia el acta formularon
Y entre rayos y truenos proclamaron
Decálogo del nuevo Sinaí.
Sol de Mayo, que entonces refulgente
Suspendido por Dios en el oriente
Alumbraste la gran Revolucion,
Al fecundar su universal semilla
Hoy te doblan humildes la rodilla
Los nietos de esa audaz generacion.
Mira el árbol sembrado por sus manos,
Que enarbola sus gajos soberanos
Sombreando el Sud, el Norte y Ecuador;
A cuyo pié la Libertad divina
Vagando por el mundo peregrina
La tienda americana levantó.
En vano las segures cortadoras
En su tronco se hundieron destructoras
Sin conseguir sus ramas marchitar;
Y aunque hollado por hondas cicatrices
Estiende poderoso sus raices
La América abarcando cual titan.
Contempla al Norte, en trece fajas bellas
Como flamea el pabellon de estrellas
Simbolizando libertad y union;
Y en la torre de su alto Capitolio
La democracia antigua en su gran solio
Con mas justicia y con mejor razon.
De allí voló de Mayo la simiente,
De allí de Libertad el soplo ardiente
Que la mente del pueblo calentó;
Como se esparcen jugos y colores
En el fecundo polen de las flores,
Que la brisa en sus alas derramó.
Contempla al pueblo libre que en el Istmo
Defendió con intrépido heroismo
El suelo que dos mundos ha de atar;
Al formarle parece que Dios quiso
Dar á su Americano paraíso
Vínculo de eternal fraternidad.
Al Sud, siete Repúblicas hermanas
Enarbolan banderas soberanas
En vez del estandarte colonial,
Y al soplo tempestuoso de la guerra
Fortalecen sus astas en la tierra
Como árbol que sacude el vendabal.
Las Repúblicas hijas de Bolívar
Beben en copa de oro miel y acíbar
Caminando á un hermoso porvenir,
Y Chile cual fanal del marinero
Nos muestra mas seguro derrotero
Porque debe la América seguir.
¿Y qué es de la República que un dia
Hizo surgir de entre la noche fria
De esclavitud, un mundo colosal;
La que dando patrióticas lecciones
Fundó en el Continente tres Naciones
Sobre el polvo del trono colonial?
De aquella que con brazos vigorosos
Derribó los guerreros orgullosos
Del Brasil, de la Iberia y Albión;
La que abatió la cima de los Andes,
Y dió á la historia de los hombres grandes
Páginas inmortales de esplendor?
La que envuelta en el manto de la gloria
Sobre el carro triunfal de la victoria
Se coronó la frente de laurel;
Y en vez del negro trono de los reyes
Supo elevar el ara de las leyes
Y derramó sobre ella mirra y miel?
La que libre, feliz y soberana
Bebia la virtud republicana
En el soplo viril del huracan;
La que en alas del rápido pampero
Parecía decir al mundo entero:
«Adonde vá mi viento el brazo vá.»
La que Atenas del mundo Americano
Distribuyó con generosa mano
De ilustracion y de verdad el pan,
Y en la mente sin luz de la criatura
Encerraba la ardiente levadura
Que con la edad debia fermentar?
Ahí la teneis en lo alto de un calvario,
Envuelta por el fúnebre sudario
Que le arrojó la torpe esclavitud;
Reina con el cabello pisoteado,
Laurel al que la lluvia no ha regado
Y se marchita en flor de juventud.
Su sociedad sin leyes, desquiciada,
Y bajo férrea mano nivelada,
Tiembla ante la cuchilla del terror;
Los nombres de patriotas eminentes,
No gravados en bronces relucientes
Sino en tablas de ingrata proscripcion.
Los principios de Mayo conculcados,
Los derechos del hombre pisoteados,
Sin que pueda decir: «yo tengo un pan»;
Un pueblo destinado al sacrificio
Sobre el horrendo tajo del suplicio
Que sangre pura destilando está.
Al deshonor sus hijas entregadas,
Las madres en los templos azotadas
Coronadas del moño de irrision,
Arrastrando cual mulas torpe carro
Donde llevan un ídolo de barro
Que colocan al lado del Señor!!
La tribuna de Agüero y de Dorrego,
Cuya palabra descendió cual riego
En medio de la barra popular,
Hoy la ocupan estúpidos sectarios
Donde leen un papel sin comentarios
En defensa del crímen y maldad.
La bandera que guiaba al combatiente
Despojada del sol resplandeciente,
Y ennegrecido su divino azul;
Desterrado el honor de su milicia,
Derrumbado el altar de la justicia,
Sus poetas sin patria ni laud.
En todo impreso del demonio el sello:
El robo, la injusticia y el degüello
Sancionados en ley y religion;
Coágulo de los vicios mas inmundos
Que emponzoñara el aire de mil mundos
Si no se contuviese su espansion.
El genio que preside esta anarquía
Entre el vapor espeso de la orgía
Desparrama en su aliento corrupcion:
Aborto abominable del infierno,
Ó maldicion tremenda del Eterno
Porque el lazo rompimos de la union.
Salvage que en sus raptos de demencia
Volcó la hermosa antorcha de la ciencia
Para encender con ella su fogon,
Donde quemó del pueblo los derechos,
Y el bello libro de los grandes hechos...
Mas ¡ah! su cifra está en el corazon.
Entonces en demanda tuya, ¡oh Mayo!
Armamos nuestra diestra con tu rayo
Para acorrer la patria en su orfandad,
Dando al viento de nuevo los colores
Que engalanó en los nítidos albores
De nuestra patria el sol de libertad.
Pero la diestra que mi patria azota
La revolcó en el campo de la rota,
Y vió abatido su inmortal pendon;
Los cruzados de Mayo sucumbieron
Y á las playas de Oriente se acojieron
Cual la paloma que huye del halcon.
Hijo del pabellon del Argentino
Su bandera dió sombra al peregrino
Como el palmero al pobre viajador;
Pero el feroz tirano, en torvo ceño,
Los despertó de su ajitado sueño
En la tierra de lenta proscripcion.
Al mirar levantarse agigantado
Un pueblo por las leyes gobernado,
Vió su trono sangriento bambolear;
Ante la ley retrocedió el salvage
Y sus hordas hambrientas de pillage
Bajo rojo pendon hizo juntar.
Y dijo:—«Al otro lado de este rio
«Se levanta con fuerte poderío
«El odiado pendon de libertad;
«Corred allí, mis bravos federales,
«Y quemad esos libros infernales
«En que se habla de Patria y de Igualdad.
«A la carga! á degüello! mis sicarios,
«Que mueran los salvages unitarios
«Por mi mazhorca á filo de puñal;
«Despedazad sus cráneos con la bola
«Y arrastrad de los potros á la cola
«Sus cabezas en medio de un cardal!
«Que vista en pocos dias triste luto
«Y que me pague en llanto su tributo
«La que llaman República Oriental:
«Atádmela á la cincha con un lazo
«Que dando espuela y rienda á mi picazo
«La vereis por las pampas arrastrar.
«Predicad que á los pies de mi caballo
«He borrado los códigos que en Mayo
«Una turba de locos escribió,
«Y he formado en la palma de mi mano
«Un famoso sistema americano
«Para reinar sobre las leyes, yo!»
La mesnada de torpes asesinos
Que deshonran el nombre de Argentinos
Volaron cual hambriento gavilan,
Y al barbárico son de un clamoréo
Llegan ante la gran Montevideo,
Donde los libres en su puesto están.
Llegan, y se detienen asombrados
Ante los fuertes muros, levantados
Del pueblo por la mano colosal:
Y en el Cerrito de eternal memoria
Donde Rondó se coronó de gloria
El invasor levanta su real.
No ya cual otro tiempo, en las almenas
Van á trozar las bárbaras cadenas
De tres siglos de oprobio y opresion:
Renegando las glorias de esos dias
Vienen á traer satánicas orgías,
Vienen á traer degüello y proscripcion.
Por las orillas fértiles del Plata
La gavilla de Rosas se dilata
Amenazando hundir la Libertad:
Montevideo grande, fiel, sublime,
Bajo el enorme peso que la oprime
Alza tranquila el último fanal.
Oponiendo su espada á la venganza
Guarda el arca de la última esperanza
Como el pueblo elejido de Jehová;
Y en ella cual depósito sagrado
Se encierra el porvenir ilimitado
Que en los tiempos su luz proyectará.
En ella, como en surcos misteriosos
Fructifican los gérmenes hermosos
Que fecunda la sangre y el sudor,
Y dia y noche la ciudad invicta
Guardando con amor su arca bendita
Vela al pié del sagrado pabellon.
En vano viejos pueblos enervados
Escriben por el miedo dominados
«El oro! el oro es de la tierra Dios;»
Que ella dice con hechos elocuentes:
«En los pueblos viriles y valientes
«El Dios, es de la patria el santo amor.»
Funde cañones, arma ciudadanos,
Y al niño, á la muger y los ancianos
Les infunde su aliento varonil;
Amasa con su sangre su muralla
Bajo el fuego de la hórrida metralla
Y el mortífero plomo del fusil.
La pólvora y la sangre siempre humea,
De sol á sol su ejército aun pelea,
Y uno á uno sus hijos vé caer;
Pero ella mas heróica y mas constante
Los envuelve en su manto rutilante
Y les ciñe coronas de laurel.
Al que infame, cobarde y miserable
Deserta su defensa inimitable
Le estampa el sello ardiente del traidor,
Y teje siempre-viva y mustio lirio
Para ceñir coronas de martirio
Al que le dé su vida en oblacion.
Y sus hijas tambien, con patriotismo,
Bendan al que cayó con heroismo
Defendiendo su hogar y castidad;
Y comprendiendo su mision inmensa
Se entregan de la patria á la defensa
Ofreciendo sus hijos en su altar.
Oh, mil veces, mil veces venturosa
La juventud que en lucha tan hermosa
Puede toda su sangre derramar;
La que serena ante el embate rudo
De los tiranos, cae en el escudo
Del mártir de una causa universal.
Estos tus hijos son, los que á tus dogmas
Hoy tributan sus cánticos y aromas
Su brazo y su poder intelectual:
Que acaudillan de Mayo aquellos hombres
Cuyos gloriosos é inmortales nombres
Son nuestro patrimonio nacional.
Cada viejo de Mayo es flor divina
De la corona cívica Argentina
Y la corona cívica Oriental;
Y si el viento arrebata alguna hoja
Tu luz seca las gotas de congoja
De nuestra patria en la divina faz.
Detente, oh Sol, y mira ese caido:—
Fué un guerrero de nombre esclarecido
Que en holocausto tuyo se ofreció,
Y hasta lanzar sus postrimer aliento
Á tí te consagró su pensamiento,
Y al ver tu faz contento sucumbió.
Grande, entre los gigantes de aquel Mayo
Que robaron á Dios su ardiente rayo
Para decir al pueblo: Fiat Lux,
Hoy miró su postrer aniversario,
Sirviéndole de espléndido sudario
De la ciudad el estandarte azul.
Tuvo seis hijos, del amor el fruto,
Que presentó á la Patria por tributo
Cuando miró su estátua bambolear,
Y á la cabeza de su prole hermosa
Desenvainó su espada victoriosa
Para poner á raya la maldad.
Y en cien combates de eternal memoria,
Do la ciudad se coronó de gloria
Relampagueó su acero vencedor,
Y el entusiasmo puro en que en él ardía
Á sus valientes hijos infundía
Entre el silvo del plomo matador.
Hermosa cual su vida, fué su muerte:
Con el aliento varonil del fuerte
Peleando por la patria sucumbió.
En hombros de su ejército esforzado,
De balazos el pecho acribillado
El campo de batalla abandonó.
Estendido en el lecho de agonía
Reconcentró de su alma la energía
Para poderte contemplar ¡oh Sol!
Y á veces repetia el fuerte anciano:
«Pueda mirar el astro soberano
«Que el dia de la América alumbró!»
El cielo oyó su ruego. Esta mañana
Cuando tocaba á vuelo la campana
Y tronaba la salva del cañon,
Sintió fuego patriótico en el alma
Y cual hojas al tronco de la palma
Su valerosa prole le rodeó.
Sobre su calva é inspirada frente
Relucía la chispa refulgente
Que fijó con su dedo el Hacedor:
Abrió sus ojos á la luz süave,
Y arrojó una mirada dulce y grave
A sus retoños, que en amor regó.
Los estrechó con paternal terneza,
Y elevando exaltada su cabeza
En las nubes de Oriente la fijó:
Cayeron de rodillas ante el lecho
El corazon en lágrimas deshecho
Y así les dió postrera bendicion:
«Benditos seais, para salvar la Patria
«Y fecundar de Mayo la simiente,
«Para adornar con palma refulgente
«De nuestra patria el pabellon triunfal.
«Benditos seais, para morir por ella,
«Entre el ardor de la feral batalla,
«Para oponer incontrastable valla
«En la tribuna al despotismo audaz.
«Benditos seais, para rasgar el pecho
«Del torpe Rosas, con robusta mano,
«Y dar al pueblo en que nació Belgrano
«De libertad y gloria la señal.
«El mundo entero aplaudirá ese golpe,
«La humanidad consagrará loores,
«Y el cincel de los grandes escultores
«Os armará del salvador puñal.
«Himnos sin cuento os rendiran los vates,
«Párvulos tiernos, santas bendiciones,
«Casta doncella, puras emociones,
«Y admiracion la noble ancianidad.
«El pueblo grato os ceñirá de lauros,
«Enjugareis de una nacion el lloro,
«Que vuestro nombre escribirá con oro
«En las fajas del Lávaro triunfal.
«Grandes sereis por mil generaciones,
«Y vuestra gloria inundará este suelo,
«Y vuestro padre desde el alto cielo
«Os enviará su bendicion de paz.
«Benditos seais, para salvar la Patria
«Y dar al mundo ese inmortal ejemplo
«Volar de gloria al sacrosanto templo
«Y de Mayo las aras levantar.»
Dijo el anciano, y el gran sol de Mayo
Vertió sobre su frente un puro rayo
Que en misteriosa auréola la ciñó.
Le contempló con ojo entusiasmado
Diciendo: «¡Patria mia!».... y apagado
Quedó su inteligente resplandor!
Así de Libertad sucumbe el hijo:
Sobre la Patria el pensamiento fijo,
Abrazando las gradas de su altar;
Como Castelli y cual Beron de Astrada,
Como Lavalle de alma no domada,
Muere para vivir, vida inmortal.
Con mártires de grandes corazones
Se alzan y regeneran las naciones
Y su sangre es la ofrenda que les dan:
Mártir fué el Redentor, y de un madero
Do lo enclavó el impio, al mundo entero
Regeneró con su mision de paz.
Bebiendo el entusiasmo de sus hechos
Buscaremos del hombre los derechos
Á la radiante luz de la verdad;
En el templo de Mayo elevaremos
Hostia de paz y allí profesaremos
Su doctrina de amor y de hermandad.
Profética la mente ve otros dias
En que se oirán sublimes armonías
Bajo el domo que habremos de elevar
No habrá tiranos, ni sangrienta guerra,
Tierra de promisión será esta tierra,
Norma de la aflijida humanidad.
¡Oh Mayo! de tu espíritu invisible
Penetrarás un mundo indivisible,
Como la luz la vasta la inmensidad:
Y al relucir tu sol del alto cielo
Se elevará sonoro desde el suelo
Un coro de alabanza universal.