Mejor se triunfa muriendo que matando.
INTRODUCCION
En la region andina que libertó Bolívar
Reposa la cabeza del mártir esforzado,
Que en sus membrudos hombros potente ha sustentado
La inmensa pesadumbre de gran revolucion.
Robusto como el pino que bate la tormenta
Sus ramas han crujido con ímpetu violento,
Y hoy yace por el suelo tendido y sin aliento...
Tendido y sin aliento, pero domado nó!
Donde un mortal sucumbe, un héroe se levanta,
Sus formas luminosas se animan lentamente....
Relámpagos y nubes coronan su alta frente
A par de los gigantes que doman la creacion:
Los Andes, atrevidas pirámides del mundo
Vestidas por la pompa severa del invierno;
Inmensos pedestales que levantó el Eterno
De pedestal le sirven y de eternal panteon.
Cual página mas grande para inscribir su nombre
Que esas gigantes moles que mundos equilibran,
En cuyas canas frentes los huracanes vibran
Como arpas misteriosas que pulsa el vendabal?
Atleta americano lanzóse de su cumbre
Por conquistar á hierro la libertad de un mundo,
Y de su altivo paso se vé surco profundo
Que el tiempo despeñado se para á contemplar.
Su vida fué un invierno, sañudo, interminable:
Envuelto por el hielo, luchando brazo á brazo,
Y el fuego de la patria guardando en su regazo
Para encender la antorcha de gloria y libertad.
Por eso para libro de sus heróicos hechos
Los Andes han abierto su inmensurable seno,
Como para la tumba del inmortal Moreno
Bastar pudo tan solo la inmensidad del mar.
EL CENTINELA
Trémula brilla en la celeste esfera
La blanca antorcha que sucede al dia,
Y de la noche la mortaja fria
Sus anchos pliegues tiende en derredor.
Soberbia en tanto entre la espesa bruma
Se vé la cumbre de los altos Andes,
Donde un gran pueblo con alientos grandes
La alta bandera de igualdad clavó.
Sordo fragor en sus entrañas ruge
Al despeñarse el agua del torrente,
Cual si arrastrase en rápida corriente
De un mundo el esqueleto colosal.
Y allá en su cima los eternos hielos
Brillan como el almete de un guerrero,
Cuando cubierto de fulmineo acero
Se vé atrevido su creston ondear.
Y en ancho mar de blanquecina nieve
Solo una forma humana se elevaba:
La de un fiel centinela que velaba
Apoyada la mano en su fusil.
Blancos cabellos su cabeza orlaban,
Hondos surcos cruzaban su semblante,
Y su mirada firme y penetrante
Revelaba un aliento varonil.
Era una sombra de las grandes huestes
Que de Mendoza al Ecuador partieron,
Y que del grande San Martin siguieron
Por entre abismos la pisada audaz;
Era un guardian de la ignorada tumba
De los caidos sin legar su nombre,
Que esperaba á los héroes de renombre
Para dar á otro mundo la señal.
Asi velaba en medio de dos mundos
Los vivos y los muertos custodiando,
Cuando un rumor los ámbitos llenando
La montaña en su base conmovió.
¿Quién vive? preguntó, y tristes voces
«Quien murió por la Patria,» contestaron,
Y cuarenta adalides avanzaron
Alzando un desgarrado pabellon.
Negros los rostros y la frente roja,
La mano herida y como sierra el sable
Llevaba aquella hueste formidable,
Fugitiva del campo del honor.
Envueltos en banderas argentinas
Conducian los restos de un soldado,
Y brillaba en su cráneo descarnado
La aureola que al mártir coronó.
El centinela comprendió que á un héroe
Aquellos huesos frios sustentaron:
Sus lágrimas ardientes resbalaron
Y su fusil al hombro levantó.
¿Quién es el héroe? preguntó, y un jóven
De veinte Mayos é inspirada frente,
Doblando la rodilla reverente
En discurso elocuente respondió:
DISCURSO
«Su nombre está escrito del pueblo en el seno,
De sus altas glorias el mundo está lleno,
Su frente circuye laurel inmortal;
Atleta de Mayo, venció los esclavos,
De un pueblo de siervos rompiendo los clavos
Bañó su cabeza con óleo de paz.
«Los Andes le vieron alzarse á su cumbre,
Y allí derramando magnética lumbre
De América el mundo con ella alumbró;
Le vieron soberbio venciendo á los Reyes,
Llevando el programa de glorias y leyes
Grabado en el sable que grillos trozó.
«Con lanza enristrada cruzó como rayo
Llevando la enseña del pueblo de Mayo
Del Plata á los Andes y ardiente Ecuador;
Y reales diademas, y tronos y cetros
Se hicieron pedazos, cual viejos espectros,
Crujiendo á las plantas del gran lidiador.»
——
El centinela alzó la noble frente
Que súbito relámpago cruzó;
Y atónito, el fusil resplandeciente
Ante los huesos frios presentó.
——
«Alzóse en su patria soberbio tirano,
De libres la senda mostrónos su mano
Y heróico el primero por ella cruzó.
Y justos principios alzando en su espada
Llevó el estandarte de santa cruzada
Que en rota y victoria seis veces se vió.
«Pero él en su espada, con nervio pujante
La patria y sus glorias sostuvo constante,
Y nunca cobarde su espalda dobló:
Miró su bandera de polvo cubierta,
Miró de la lucha la arena desierta,
Y entonces su frente soberbia rindió.
«Su grande destino la muerte ha cortado!
La causa camina, pero ¡ay! está helado
El soplo de fuego que vida le dió!
Así en otros tiempos en circo estendido
El fuerte guerrero yacia caido
Y el carro que hollaba seguir triunfador!»
——
El centinela atento le escuchaba
Y el corazon guerrero arder sintió,
Y aquel fusil que al frente presentaba
Rendido hasta sus plantas abatió.
——
«Envueltos sus restos por patria bandera
Encuentren al menos en tierra estrangera
La tumba que al mártir su patria negó.
Sus fieles soldados cavando su fosa
Cubrirán de tierra con mano piadosa
La frente laureada que el mundo admiró.
«Al pié de su tumba que calle la envidia!
Su espíritu noble preside á la lidia
Que aun arde en nosotros su llama inmortal.
Apóstol y mártir su pueblo le nombra,
Y grande y serena su pálida sombra
De dulce esperanza levanta el fanal.
«Un dia los hijos del pueblo argentino
Orlando sus sienes con lauro divino,
Darán á sus manes sagrada ovacion,
Y entonces nosotros los Andes cruzando
Vereis que volvemos en triunfo llevando
Los huesos proscriptos del grande campeon.»
——
El centinela contempló aquel muerto
Que un huracan del mundo arrebató,
Y arrodillado sobre el suelo yerto
Humilde ante su gloria se postró.
EPILOGO
Como una chispa de la luz divina
Se vé brillar en la region andina
La estrella matinal;
Y una mano invisible, misteriosa,
Levanta de la noche silenciosa
El fúnebre cendal.
Y descubre un cadáver coronado,
De lágrimas y espinas incrustado
Su lauro triunfador:
Y en su presencia el ángel del aurora
Levanta con su voz consoladora
El himno del dolor.
HIMNO
Lavalle, tu cabeza
De penas fué calvario,
Y vaso lacrimario
Tu grande corazon:
Y los cautivos pueblos
Vertieron en tu seno
El llanto de amor lleno
Que el pueblo derramó.
Luchando cuerpo á cuerpo
Caiste en noble guerra,
Sobre la misma tierra,
Que tu sudor regó.
Y el corazon del mártir
Que atesoraba el llanto
Un génio sacrosanto
Del cuerpo arrebató.
Alzóse hasta las cumbres
Del alto Chimborazo,
Y allí con fuerte brazo
Tu corazon clavó;
Y cual en noble túmulo
Brilla la urna de oro,
La urna de nuestro lloro
Allí vierte esplendor.
Torrente de dolores
Por Dios atesorado,
Cual dictamo sagrado
Que destiló el amor!
¡Oh corazon que fuiste
El cáliz de amarguras,
A las espadas duras
Dá el templo del honor!
Acérquese allí el jóven
Y beba fortaleza,
Allí busquen firmeza
Los brazos sin vigor;
Allí vaya ese pueblo
Que dobla su garganta,
Y beba la ira santa
Que hiera al opresor.
Allí vaya la vírgen
A derramar sus flores,
Para jurar amores
Al que combata al vil;
Acérquese allí el niño
Y en su dolor templado
Levante el grito osado
De lucha varonil.
Y diga á los que duermen
En el polvo sangriento:
«Dad otra vez al viento
«De Mayo el pabellon;
«Y vencidos cien veces,
«Otras tantas deshechos,
»Oponed duros pechos
«A la dura opresion.»
Sí, que la voz del niño
Oráculo es del cielo
Para anunciar consuelo
A un pueblo en horfandad,
Y sus puras palabras
Al tiempo de verterlas
Se convierten en perlas
En la urna funeral.
VII
JOSÉ CAMPON
(PÁGINA DE UN DIARIO MILITAR EN 1839)
I
Cuando las huestes de Rosas
Pisaron de Oriente el suelo,
Al toque de la corneta
Seis mil bravos acudieron:
A su cabeza se vió
Al héroe antiguo de Haedo,
Acaudillando los bravos
Que de la patria en el seno
Heróicos se levantaron
En sosten de sus derechos.
Todo Oriental que abrigaba
De la libertad el fuego,
Bajo el pendon de la gloria
Iba á desnudar su acero,
Lleno de noble energía,
Y de patriotismo lleno.
II