La tumba del valiente
No pide débil llanto,
Sino del vate ardiente
El estridente canto,
Que imite en su armonía,
Vibrante vocería
Del campo del honor.
Qué importan á los bravos
La pompa de los templos
Que compran los esclavos!
Les bastan sus ejemplos,
Su inmarcesible gloria,
Su tumba, su victoria,
Sus lauros, su valor!
Cual rinde su alta frente
El sol al Océano,
Como el audaz torrente
Que baja al ancho llano,
Debe ser la caida
Del que rinde la vida
Del pueblo en el altar.
Cantemos á los muertos
En la feral pelea,
Que sus despojos yertos
De América presea,
Valen mas que la pompa
Que celebra la trompa
Del poeta servil.
Indómitos guerreros
Ante el altar caidos,
Blandiendo los aceros
De sangre reteñidos,
Venid, llegó la hora:
La América hoy valora
Vuestra mision viril.
Llegad, nubes de incienso
Bañando vuestras frentes,
Oireis el himno inmenso
Que pueblos reverentes
Cantan en el osario,
No al génio sanguinario,
Ni al Régulo opresor.
Generaciones nuevas
Ricas de independencia,
Tras dolorosas pruebas
Por fecundar tu herencia,
Se acercan á las aras
Que con tu sombra amparas
Del Plata al Ecuador.
Oh brazos tan robustos
Que á un mundo estremecieron,
Y en dias mas augustos
Sus aras contuvieron,
Poderosos se eleven
Y á la mansion me lleven
De sacra inspiracion!
CORO
Sus lívidos cadáveres
Veranse entre humo denso,
Del pueblo, del incienso,
Y entre la pompa nítida
Del templo de Israel.
Relucirán las lámparas
Ante el sombrío coro,
Y al órgano sonoro
Se mezclarán melódicas
Las arpas de Sion.
Resonará en la bóveda
El cántico suave,
Y en medio á el ancha nave
Se elevará en el túmulo
La gloria y libertad.
Y el inspirado vate,
Envuelto por el manto
Del entusiasmo santo,
Exclamará profético:
«Tu nombre vivirá.»
POETA
La libertad se encumbra
Sobre sangrienta pira,
Y con su antorcha alumbra
Las cuerdas de la lira,
Que el vate pulsa altivo
Al son del éco divo
Del férvido huracan.
Su luz, los nombres dora
De la urna funeraria,
Donde enlutada llora
La musa solitaria,
Los mártires valientes
Cuyas soberbias frentes
Humeando sangre estan.
Miradlos sobre el suelo
Que hollamos con la planta,
Mirad: en raudo velo
Su espíritu levanta
La célica bandera,
Que ondear hace altanera
La ráfaga veloz.
Cayeron cual jigantes
En medio de la gloria:
Sus páginas brillantes
Abrió la inmensa historia,
Y en letras de granito
Su triunfo ha sido inscrito
Con fúlgido esplendor.
Ese pendon miraron
Yaciendo moribundos,
Del suelo se aferraron
Con brazos tremebundos,
Cual si al morir peleando
La tierra asi abrazando
Quisieran defender.
Sublime abrazo inmenso
Rodeado por las balas,
En medio al humo denso;
Bajo las negras alas
De la terrible muerte
Y con la sien inerte
Ceñida de laurel!
Y al abrazar la tierra
Con ánimo esforzado,
Su alarido de guerra
Por el viento llevado
Resonó en los hogares,
Y en los undosos mares,
Cual voz de redencion.
Y hoy sus huesos dispersos,
En la estéril llanura,
Blanqueados por los cierzos,
Se estiman mas que el oro
Y forman el tesoro
Del mundo de Colon.
Si existe una creencia
Y un pabellon triunfante,
Si es libre la conciencia,
Si en libro de diamante
Se esculpen altos hechos,
Debémoslo á los pechos
Que el hierro atravesó.
A los varones fuertes
Que la espada blandieron,
Que arrostrando mil muertes
En el campo cayeron
Del noble sacrificio,
Bajo el marcial auspicio
Del alto galardon.
De todo un pueblo el luto,
De todo un mundo el llanto,
Es mísero tributo
Para su polvo santo,
En que renacen palmas,
Y en que resurgen almas
Al soplo del creador.
No necesitan urnas
Ni estátuas levantadas,
Porque las horas diurnas
De estrellas coronadas
Guardan el monumento,
Que cubre el firmamento
Del hemisferio austral.
CORO
De la tierra sangrienta
Se elevarán los muertos,
Y con rayos inciertos
La luna amarillenta,
El esqueleto pálido
Trémula alumbrará.
De luces coronada
La sombra de los fuertes,
En túmulos inertes
Relucirá animada,
Cual la vision fantástica
Del Cristo Salvador.
Las fúlgidas espadas,
Las bélicas banderas,
Trotones y cimeras,
Y lanzas destrozadas,
Cual súbito relámpago
Fulmíneas brillarán.
Se elevarán ardientes
Atléticas legiones
Al pié de sus pendones,
Cuando el Omnipotente
Les diga como á Lázaro:
«Del polvo levantad.»
POETA
Cuando la densa bruma
Los valles enlutaba,
Cuando la blanca espuma
Los mares circundaba,
Cual mágicos concentos
Nacian los acentos
Del arpa de Ossian.
Al eco melodioso
La bruma relucía,
Y en carro vaporoso
Celeste aparecía
Poblando la colina,
La sombra de Malvina,
De Morven y Fingal.
¿Y el Bardo arrebatado
Que invoca realidades,
No ha de poder osado
Anticipar edades
Del tiempo en la penumbra,
Cuando su mente alumbra
Inspiracion mas fiel?
¿La losa de la tumba
Levantará mi lira?—
Oid: el viento zumba,
El Hacedor me inspira,
Siento su soplo ardiente
Que en alas del ambiente
El polvo hace tremer.
¡Campeones inmortales!
Alzad la noble frente,
Que adornan las señales
De la metralla ardiente,
Alzaos del frio lecho,
Con voces en el pecho,
Latiendo el corazon.
Rasgad con mano fuerte
La fúnebre mortaja
Con que os vistió la muerte,
Y oireis la sorda caja
Que toca ¡á bayoneta!
La voz de la corneta,
Y el trueno del cañon.
La luna brilla hermosa
Cual lámpara divina
Rielando misteriosa;
En la region Andina
Su genio se levanta,
Y en torno se quebranta
La tierra con fragor.
Los cascos resplandecen
Cual rápido meteoro,
Las plumas que se mecen
Entre celajes de oro
Anuncian mil campeones,
Y en medio á las lejiones
Se eleva un pabellon.
Mil ecos fragorosos
Producen los aceros,
Los potros ardorosos
Relinchan altaneros,
Y en masas apiñadas
De sombras laureadas
Se forma una legion.
Descance con mi plectro
Mi cítara de acero,
Desfile cada espectro
Con ademan severo,
Al son de los clarines
Que llenan los confines
Con son atronador!
¡Silencio! los tambores
Ya la señal han dado,
Y rayo de fulgores
El campo ha iluminado.
¡Gloria á los inmortales
Que pisan los umbrales
De un mundo superior!
Mirad, ya no es del alma
Fantasma vaporoso,
Vestidos con la palma
Del mártir generoso,
Despues de su caida
Renacen á la vida
De glorias perennal!
CORO