I
¡Oh, Campana! de mi Patria
Eres símbolo de gloria:
O heraldo de la victoria,
O intérprete del dolor;
Eres corona de bronce
En los aires suspendida,
Que los fastos de la vida
Publicas con tu clamor.
Tú concretas nuestra historia:
Has dado la voz de alerta,
Golpeando de puerta en puerta
Con tu metálica voz;
Has anunciado las paces
Adornada con la oliva,
Y envuelta con palma altiva
La guerra cruenta y feroz.
Has sido la grave orquesta
De los cánticos triunfales,
Y en los tristes funerales,
Melancólico pregon;
Y colgado de tus cuerdas
Un pueblo de audacia lleno,
Ha hecho brotar de seno
La voz de revolucion.
Y tus ecos tempestuosos
Por el aire resonaron
Cuando en Mayo saludaron
El sol de la redencion,
Cuyo vivífico rayo
Como un martillo de oro
Te dió el acento sonoro
De la estátua de Memnon.
Has publicado cien veces
Por el mundo americano,
Las victorias de Belgrano,
De San Martin y Alvear;
Has proclamado á los pueblos
En medio de la matanza,
Y alentado su esperanza
Los triunfos al publicar.
En las contiendas civiles
Esclava de las facciones,
Te ha arrancado tristes sones
La espada del vencedor,
Y dominando el murmullo
Del pueblo desenfrenado,
Ante el mundo has protestado
Con dolorido clamor.
Y cuando por un tirano
El pueblo se vió oprimido,
Tú articulaste un gemido
Con tu lengua de metal,
Y otra vez sobre tu torre
Sonaras estrepitosa,
Cuando mires victoriosa
La bandera azul flotar.
Eres la voz del destino
Que presides á las horas,
Que con sus alas sonoras
Te golpean sin cesar,
Y tú, su vuelo marcando,
Generosa en demasía,
Devuelves una armonía
Por el golpe que te dan.
II
Al pueblo siempre anuncia la campana
Lo que ha sido, lo que es, lo que será:
Cuando á su trono se alza soberana
La virtud que combate á la maldad;
Y cuando los tiranos en su cuello
Han posado su planta ignominiosa
¡Ay! entonces resuena dolorosa
Cual llorando perdida libertad.
¡Ah! de mi patria saludó el bautismo
Cuando subiendo al rango de Nacion,
Sobre su frente el oleo del civismo
Dios derramó cual sacra bendicion.
Mas hoy llora, cual llora por los muertos,
Porque no tiene pueblo soberano,
Y es el despojo de feroz tirano
La que en sus puños desgarró un leon!
Pero ella ha de sonar en algun dia
En la torre de la alta Catedral,
Para mi Patria anuncio de alegría;
Para el tirano un eco funeral.
Y se alzarán los cánticos sagrados
Como cuando cayeron los leones,
Y cuando cien Británicos pendones
En su techumbre el pueblo hizo colgar.
Y entre incienso, plegarias y armonía,
Entre gritos de Patria y Libertad,
Descenderá la horrenda tiranía,
Se elevará radiante la Igualdad:
No existirán divisas de partidos,
Será el color azul, de los hermanos,
Que para combatir á los tiranos
Se abraza con amor la sociedad.
Envuelto en un pendon ensangrentado
En el pendon azul de la Nacion,
Conducirán el cuerpo de un soldado
Tendido en la cureña de un cañon,
Y al pié de la pirámide de Mayo
El cadáver del mártir colocando,
De laureles su frente coronando
Le votarán espléndida ovacion!
¡Muera yo así en mi Patria redimida
Dejándola con gloria y libertad!
¡Muera yo así cantando en mi caida
El himno de la Paz y la Igualdad!
¡Pueda llegar hasta el hermoso dia,
En que suba mi Patria á su alto asiento,
Y ábranse con estruendo en el momento
Las puertas de la negra eternidad!
1839
XVI
SATIRA Á SANDOVAL
AL TRAIDOR QUE ENTREGÓ Á ORIBE Á LAS ILUSTRES VÍCTIMAS
AVELLANEDA Y VILELA
Le traite se fait justice
Il se chasse de nos rangs
Ah! que son nom retentise
Maudit par nos veterans!
Barthelemi.
Prendiendo fuego á un templo portentoso
Erostrato su nombre eternizó;
Vendiendo Judas á Jesus piadoso
Su fama en el Madero se esculpió.
Entregando al verdugo dos cabezas
Te has hecho en nuestros fastos inmortal,
Que si no tienes que contar proezas,
Tienes una traicion ¡vil Sandoval!
¡Vil Sandoval! tu nombre será eterno,
Como un remordimiento le has de oir,
Y hasta tocar el linde del infierno
La maldicion de Dios te ha de seguir.
Siete veces traidor, tú, miserable,
De la historia en el libro vivirás,
Como en jardín ameno y deleitable
Vive entre flores el reptil audaz.
Tú te has hecho justicia con tu crimen:
Mi noble patria batirá las manos,
Al ver que en tí sacuden sucio limen
Los libres que combaten á tiranos.
Signe por esa huella ensangrentada
Que el verdugo señala con su planta,
Y encontrarás al fin de la jornada
Un buen cordel que oprima tu garganta.
Y mientras tu amo el látigo sangriento
Hace sobre tu espalda resonar,
Yo empuñaré el azote del tormento
Para tu nombre infame flajelar.
Tu nombre dije! En qué gloriosas lides
Entre la voz del plomo resonó?
Entre qué renombrados adalides
Tu acero vencedor relampagueó?
Mas no en batallas se probó tu aliento:
En pulperías fueron tus campañas,
Armado con un naipe mas mugriento
Que el corazon que abrigan tus entrañas.
Pérfido el vaso de licor tendiendo
Y bajo el poncho armando la cuchilla,
Y á tus contrarios por la espalda hiriendo,
Seguido por vandálica gavilla;
Tendido entre las patas del caballo,
En vez de sangre revolcado en vino:
Tales son tus proezas, vil lacayo;
Tales tus hechos son, vil asesino.
Escoria de la fragua de los vicios,
Tahur, ladron, borracho y asesino!
Tu eterno compañero es el suplicio;
Traicionar á los libres, tu destino.
Ojos de gato, lengua de serpiente,
Garras de tigre, boca de lagarto!
Satan sin duda con un beso ardiente
Selló tu rostro en la hora de tu parto.
Y al contemplarte mísero gusano
En medio de una gloria colosal
Dijiste tú:—«Ya no pondré mi mano,
«Adonde alcance con su pié triunfal:»
Y envidiando el laurel de la derrota,
Y de los libres la postrera gloria,
Fuiste á vender cual miserable ilota,
Los hijos de la patria y la memoria.
Sí, que la inmensa gloria de los bravos
No era para tus hombros sin pujanza:
Debes cargar cadenas entre esclavos,
No de los libres la quebrada lanza.
Los libres solos su bandera alzando
Con doble esfuerzo treparán los Andes,
Y entre Argentinos el aliento dando
Los buenos solo llamaránse grandes.
Tú, Sandoval, tan ínclita guirnalda
Con tus manos inmundas no ajarás,
Porque ese hierro que marcó tu espalda
Te ha impreso ya su cicatriz tenaz.
No azul pendon te prestará su sombra
Sino la planta del señor feroz,
Que haciéndote servir como de alfombra
Te lanzará iracundo, torpe coz.
El lodo cubra tu cabeza infame,
Tu cuello dobla al récio bofeton,
De tu señor el pié sangriento lame,
Y de tu labio mane corrupcion!
Sicario vil entre sicarios seas,
Sucios insectos cubran tus heridas,
Arrastrado cual vívora te veas,
Y Dios te dé para sufrir, mil vidas!
Sangre bebas en vez de linfa pura,
Sangre tan solo bebas por do quier,
Y al entrar en el lecho, sangre impura
De la almohada veas tú correr!
El mas cobarde escúpate á la cara,
Tu nombre sea voz de deshonor,
Mientras mi musa con candente vara
Fija en tu frente el nombre de TRAIDOR!
La maldicion del mundo eternamente
En tu oido resuene noche y dia,
Y las furias con látigo crujiente
Te precipiten á la tumba fria!
Que por las furias siempre perseguido
Llegues á la mansion de Satanás,
Y al darte abrazo estrecho, estremecido,
Dedos ardientes sientas por detrás.
Y que te brinde copa reluciente,
Y al apurarla lleno de embriaguez,
En la lengua te pique una serpiente,
Que surja enfurecida de la hez.
Luego te traiga naipes caldeados,
Y te obligue con ellos á jugar,
Y sientas por tus dedos abrasados
Tu negra sangre á chorros destilar.
Y levantando un coro de clamores
Los demonios, al son de ronca trompa,
Te arrojen donde yacen los traidores,
Con infernal y con grotesca pompa!
1841
XVII
GRITO DE ALARMA
(DESPUES DE LA DERROTA DEL ARROYO GRANDE EN 1841)
———
Alzaos del polvo inerte
Vencidos, no domados,
Cerniendo la melena
Como soberbio leon;
Alzaos, y ante los bustos
De hermanos degollados,
Levante un pueblo libre
Su alejado pabellon.
Si conservais alientos
Y sangre en vuestras venas,
El aire que os circunda
De fuego llenaré,
Y la dorada copa
Que el entusiasmo inspira,
Al silvo de las balas
Tranquilo os brindaré.
Mas si temblais cobardes,
En vez de altivos cantos
Viriles maldiciones
Levantará mi voz;
Y en vez de alzar la copa
Del génio de la patria,
Os lanzaré mi lira
Con ímpetu feroz.
Oid, que del poeta
Las voces son augustas,
Ya entonen la agonía
O el cántico triunfal
A su eco se levantan
Los pueblos oprimidos,
Y en pechos maldecidos
Esconden el puñal.
A su eco se alza el pueblo
Rompiendo sus cadenas,
Con brazos vigorosos
Mas duros que el metal,
Y si en la dura lucha
Dan vuelta las espaldas,
Vuelven, si dá la lira
De alarma la señal.
Un dia fué en la Grecia
Que en medio á la derrota
Los cantos de Tirteo
Se oyeron resonar,
Y revolviendo al punto
Los escuadrones rotos,
El lauro de victoria
Supieron rescatar.
Será que ya en el mundo
No exista el entusiasmo,
Ni acorran á la patria
Los hombres de esta edad?
¡Oh, no! los corazones
Sacudan ese pasmo,
Y asiendo de la espada
Gritemos: «¡Libertad!»
La libertad no ha muerto,
Y en la sangrienta arena
Donde se vé postrada
Su aliento no rindió:
De heridas traspasada,
Y en rojo humor teñida,
En sus convulsas manos
Nuestro laurel salvó.
Secad el triste lloro
Que baña las mejillas
Al sol de la esperanza
Que miro ya lucir,
Los pueblos no se salvan
Con infecundo llanto,
Sinó queriendo altivos
Ser libres ó morir.
Agrúpense los libres
Al pié de la bandera,
Que las legiones rotas
Aun hacen tremolar,
Y firmes, denodados,
Velando en la trinchera,
Como la sombra al cuerpo
La sigan sin cesar.
Al que á su puesto falte,
Al que la muerte tema,
Al que cobarde tiemble
¡Oprobios veces mil!
Los cascos de los potros
Que doman los valientes
Pisen esas cabezas
Sin nervio varonil.
Verán á los bandidos
Sus puertas derribando,
Violadas en su lecho
Las prendas de su amor,
Y en medio á la algazara
De torpes asesinos
Los cráneos de sus hijos
Colmados de licor!
Honor á los valientes
Que vibren el acero
Confiando en nuestra causa
Con grande corazon;
Y firmes como roca
La espada levantando,
De esclavos y tiranos
Detengan la invasion!
Honor al que en las filas
Peleando como bueno,
Consagre á sus hermanos
La vida en oblacion!
La palma del martirio
Circundará su frente,
Que de los hombres libres
Tendrá la bendicion!
El fuego y el acero
Llevamos en las manos,
Lidiemos con denuedo,
Caigamos con valor,
Y antes que ver la patria
Revuelta por el fango,
En pálidas cenizas
Salvemos el honor.
Luchad como valientes,
Porque do quier que vayais,
Como á traidores viles
El mundo escupirá;
Luchad, que defendemos
El último baluarte,
Donde salvar podremos
La gloria y el hogar.
¡Al arma! Al arma! Al arma!
Y el grito repetido
Haga vibrar las almas
Con súbita emocion,
Y en torno de la hoguera
Que brilla moribunda,
Encienda sus antorchas
Del pueblo la legion.
Arriba, ciudadanos,
Dando de ¡alarma! el grito
Alzad vuestra bandera,
Rodead el patrio altar,
Antes que el nuevo Atila
Pisando vuestras sienes
Os haga á latigazos
Del polvo levantar.
De frente, infantería!
La boca en el cartucho,
La cara al enemigo,
La mano en el fusil,
Soldados, adelante,
Rompamos esas filas:
Quien caiga será grande,
Quien huya será vil!
Valientes escuadrones
Que en ardorosos potros
Oís con lanza en ristre
Los ecos del clarin,
En cargas redobladas
Romped esas legiones,
Que alzan bandera roja
Del campo en el confin!
Tranquilos artilleros,
Al pié de la cureña,
Ardiente lanza-fuego
Tended sobre el cañon;
Y entre humo y entre sangre,
Y en nubes de metralla
Vomite cada bronce
Muertes y destruccion!
Prudentes timoneros
Que con membrudos brazos
Luchais contra las olas
Que agita el huracan,
Poned la proa al viento
Con ánimo esforzado,
Fijando el gobernalle
Con mano de tiran!
Alzad, de alarma al grito,
Vencidos, no domados,
Cerniendo la melena
Como soberbio leon;
Alzad y ante los bustos
De hermanos degollados,
Levante un pueblo libre
Su ajado pabellon.