Cual rústico campanario
Que en la campaña desierta
Indica al hombre la puerta
Del melancólico osario
Que ampara su vecindad;
Ahí estás, ombú gigante
A la orilla del camino,
Anunciando al peregrino
Que bajo el tronco pujante
Duerme por siempre un mortal.
La tempestad te acaricia
Con sus alas tenebrosas,
Y en tus entrañas hojosas
Te da con grata delicia
Ardientes besos de amor;
Y con atléticos brazos
Junto á tu tronco la aferras,
Y entre tus ramas encierras
Con titánicos abrazos
Su estrepitoso clamor.
Y tú á su voz amorosa
Enamorado palpitas,
Tu cabellera lujosa
En el seno precipitas
De la recia tempestad;
Y te envuelve con su manto
Que el relámpago colora,
Tu frente que el rayo dora
Te la riega con el llanto
De la mústia soledad.
Y celosa de la tierra
Que te nutre con su seno,
Ruge como ronco trueno,
Tus raices desentierra
Con delirante furor.
Cuando te siente postrado
Entre tus ramas suspira,
Y cual armónica lira
Lanza tu tronco humillado
Ecos de tierno dolor.
Al lucir el alba pura,
En la Pampa ya no brillas,
Y tus hojas amarillas
Rodando por la llanura
Van á perderse en el mar.
Los cisnes de la rivera
Que visten plumas de nieve,
Meciéndose en la onda leve
Siguen tu traza lijera
Por las ondas de cristal!
Eres la verde guirnalda
De la cabaña pajiza,
Que vas marchando de prisa
Con el pasado á tu espalda
Y á tu frente el porvenir.
Donde huye la tribu errante
Y clava el hombre su planta,
Tu cabeza se levanta
Cual la de inmenso gigante
Que está diciendo: «hasta aquí.»
Tú señalas las barreras
Que dividen al desierto,
Y oyes el vago concierto
Que alzan las auras ligeras
De la Pampa en el umbral.
Eres lo último que muere
De la morada del hombre,
Y sin registrar un nombre
Estás diciendo al viajero
Que allí descansa un mortal.
Deten tu paso y escucha
El gemido del hermano,
El rugido del tirano,
El estridor de la lucha...
¡De la lucha fraternal!
El alarido de guerra
A tus espaldas retumba,
La libertad se derrumba,
De horror palpita la tierra
Que en sangre teñida está.
¡Ah! prosigue tu camino
Por la pampa solitaria:
La tiranía es precaria
Y con esplendor divino
Se alzará la Libertad.
Sí, prosigue tu carrera,
Por la llanura estendida,
Y alza en tu cima florida
Del porvenir la bandera
Y del hombre la Igualdad.
Mas ¿qué miras? La campaña
Que á lo lejos se dilata,
El arroyuelo de plata,
El cielo que nada empaña,
O el inmenso pajonal?
No, tú miras á lo lejos
Al trasponer aquel monte
En el lejano horizonte,
Como en mágicos espejos
Lo que es y lo que será.
Miras la pampa argentina
De ciudades matizada,
Y por mil naves surcada
La laguna cristalina
Que hoy cubre verde juncal;
Miras la pobre cabaña
Que en palacio se transforma,
Y que al tomar nueva forma
Una nueva luz la baña
Con resplandor sin igual.
Míras al indio tostado,
Que lanzando un alarido
Vá huyendo despavorido
Por el llano dilatado
En pavoroso tropel;
Y tras él, el tigre fiero
Que abandona su dominio
Hoy teatro del exterminio,
Que ocupa un pueblo altanero
Y que transforma en vergel.
No pases mas adelante
Que mas lejos, abatido,
Marchito y descolorido
Verás al ombú gigante
Hoy de la pradera rey:
Y en su lugar la corona
Verás alzarse del pino,
Que unido al hierro y al lino
Sirve al hombre en toda zona
Para dar al mundo ley.
Ese destino te espera
Arbol cuya vista asombra
Que al caminante das sombra,
Sin dar al rancho madera,
Ni al fuego una astilla dar;
Recorrerás el desierto
Cual mensajero de vida,
Y tu mision concluida
Caerás cual cadáver yerto
Bajo el pino secular.

II
Á SANTOS VEGA
PAYADOR ARGENTINO

Cantando me han de enterrar
Cantando me he de ir al cielo.
Santos Vega.

Santos Vega, tus cantares
No te dieron fama y gloria,
Mas viven en la memoria
De la turba popular;
Y sin tinta ni papel
Que los salve del olvido
De padre á hijo han venido
Por la tradicion oral.
Bardo inculto de la pampa,
Como el pájaro canoro
Tu canto rudo y sonoro
Diste á la brisa fugaz;
Y tus cantos se repiten
En el bosque y en el llano,
Por el gaucho Americano,
Por el indio montaráz.
¿Qué te importa si en el mundo
Tu fama no se pregona?
Tú ya tienes la corona
Del poeta popular.
Y es mas bello, que en el bronce,
En el mármol ó granito,
Haber sus obras escrito
En la memoria tenaz.
¡Qué te importa! si has vivido
Cantando cual la cigarra,
Al son de humilde guitarra
Bajo el ombú colosal!
Si tus ojos se han nublado
Entre mil aclamaciones,
Si tus cielos y canciones
En el pueblo vivirán!
Cantando de pago en pago,
Y venciendo payadores,
Entre todos los cantores
Fuiste aclamado el mejor;
Pero al fin caiste vencido
En un duelo de armonías,
Despues de payar dos dias;
Y moriste de dolor.[3]
Como el antiguo guerrero
Caído sobre su escudo,
Sobre tu instrumento mudo
Entregaste tu alma á Dios;
Y es fama, que al mismo tiempo
Que tu vida se apagaba,
La bordona reventaba
Produciendo triste son.
No te hicieron tus paisanos
Un entierro magestuoso,
Ni sepulcro esplendoroso
Tu cadáver recibió;
Pero un Pago te condujo
A la tumba silenciosa,
Y lloraron en tu fosa
Niños y hombres con dolor.
Y los gauchos al volverse
A llorar entre sus ranchos,
Espantaron los caranchos
Que llegaban á escarbar:
Y se apearon del caballo,
Y con ademan contrito,
Rezó cada uno el bendito
Y volvieron á montar.
De noche bajo de un árbol
Dicen que brilla una bela,
Y es tu ánima que vela,
Santos Vega el Payador!
¡Ah! levanta de la tumba!
Muestra tu tostada frente,
Canta un cielo derrepente[4]
O una décima de amor!
Cuando á lo lejos divisan
Tu sepulcro triste y frio,
Oyen del vecino rio
Tu guitarra suspirar;
Y creen escuchar tu voz
En las verdes espadañas,
Que se mecen cual las cañas
Al soplo del vendabal.
Y hasta creen que las aves
Dicen al tomar su vuelo:
«Cantando me he de ir al cielo;
«Cantando me han de enterrar!»
Y te ven junto al fogon,
Sin que nada te arrebate,
Saboreando amargo mate
Veinte y cuatro horas payar.
Tu alma puebla los desiertos,
Y del Sud en la campaña
Al lado de una cabaña
Se eleva fúnebre cruz;
Esa cruz, bajo de un tala
Solitario, abandonado,
Es un símbolo adorado
En los campos del Tuyú.
Allí duerme Santos Vega:
De las hojas al arrullo
Imitar quiere el murmullo
De una fúnebre cancion.
No hay pendiente de sus gajos
Enlutada y mústia lira,
Donde la brisa suspira
Como un acento de amor.
Pero las ramas del tala
Son mil arpas sin modelo,
Que formó Dios en el cielo
Y arrojó á la soledad;
Si el pampero brama airado
Y estremece al firmamento,
Forma místico concento
El árbol y el vendaval.
Esa música espontánea
Que produce la natura,
Cual tus cantos, sin cultura,
Y ruda como tu voz,
Tal vez en noche callada,
De blanco cráneo en los huecos,
Produce los tristes ecos
Que oye el pueblo con pavor.
¡Duerme! duerme Santos Vega,
Que mientras en el desierto
Se oiga ese vago concierto,
Tu nombre será inmortal;
Y lo ha de escuchar el gaucho
Tendido en su duro lecho,
Mientras en pajizo techo
Cante el gallo matinal.
Duerme mientras se despierte
Del alba con el lucero
El vigilante tropero
Que repita tu cantar,
Y que de bosque en laguna,
En el repunte ó la hierra,
Se alce por toda esta tierra
Como un coro popular.
Y mientras el gaucho errante
Al cruzar por la pradera,
Se detenga en su carrera
Y baje del alazan;
Y ponga el poncho en el suelo
A guisa de pobre alfombra,
Y rece bajo esa sombra,
¡Santos Vega, duerme en paz!

III
EL PATO
CUADRO DE COSTUMBRES

Clara, bella y perfumada,
Era una tarde serena,
De esas tardes en que el cielo
Todas sus galas ostenta,
En que la brisa y la flor
Nos hablan con voz secreta,
En que las bellas suspiran,
En que medita el poeta,
En que el infame se esconde,
Y en que el pueblo se recrea.
Y matizando la alfombra
De una estendida pradera
Se vé una alegre cuadrilla
Con sus vestidos de fiesta,
Porque cien gauchos reunidos
Las pascuas de Dios celebran.
En las ancas del caballo
Cada cual lleva su bella,
El que ufano con su carga
Bate el suelo con sobérbia,
Mientras que el viento levanta
La nevada pañoleta,
Que acaricia las mejillas
Del ginete á quien estrecha
Tal vez por no resbalar...
Quizá de puro coqueta.
No llevan collares de oro,
Ni carabanas de perlas,
Ni relucientes sombreros,
Ni corbatines de seda:
Humildes son los vestidos
Que las mujeres ostentan;
Y bajo pieles curtidas
Y de ponchos de bayeta
Aquel rústico gauchage
Alma independiente alberga.
Como el tosco ñandubay
Bajo su áspera corteza
Roba á la vista del hombre
Del corazon la belleza.