II
Encima de una loma
Se ven á las muchachas
Haciendo con donaire
Pañuelos agitar;
Y en tanto en la llanura
En círculo formados,
Se ven de los ginetes
Los ponchos ondear.
Sus ojos resplandecen
Radiantes de alegria,
Que templa con sus sombras,
Del rostro la altivez,
Con juegos herculáneos
Festejaran el dia,
Que el pueblo hasta jugando
Respira robustez.
Diríanse campeones
Que esperan la pelea
Que anuncie con estruendo
Las lenguas del clarin:
La inercia los consume
Mas si el cañon humea
Con varonil corage
Buscan glorioso fin.
Tal vez unas carreras
Esperan á porfia
Para cubrir de palmas
Al potro mas veloz...
Mas no, todos desean
Robustecer el alma,
Por eso ¡El Pato! El Pato!
Repiten á una voz.
¡El Pato! juego fuerte
Del hombre de la pampa,
Que marca las costumbres
De un pueblo varonil.
Para crispar los nervios,
Para tender los músculos,
Como el convulso jóven,
En el dolor febril.
Las fiestas populares
De un pueblo de valientes
Semejan á las rudas
Caricias del leon,
Porque el pampero raudo
Batiendo en esas frentes
Parece que inocula
Vigor al corazon.
Ya todos se aprestaban
A comenzar la pugna,
Asiendo de las garras
Con fuerza de titan:
Los piés en los estribos
Apoyan con pujanza,
Y esperan afanosos
Del gefe la señal.
Las madres, las esposas
Contemplan aquel grupo
Pendientes del latido
Del brazo muscular;
Mas derrepente vése
Que las manijas sueltan,
Y se oye entre el corrillo
Sordo rumor vagar.
¿Quién desarmó la fuerza
De los cincuenta brazos,
Que un pino gigantesco
Podrían sacudir?
Dos hombres que se acercan
Al medio de la liza,
Y muestran ser campeones
Que quieren combatir.
III
El uno es Diego Zamora
Apellidado el «valiente»,
Cuya daga vencedora
A sus contrarios devora
Y es el terror de la gente.
Su mirada es decidida
Y negra su cabellera;
Y una sonrisa atrevida
Del labio está suspendida
Revelando una alma fiera.
Lleva un facon en la falda,
Lleva un poncho balandran
Terciado por media espalda,
Y del campo la esmeralda
Huella en un potro alazan.
El otro es Pedro de Obando,
Compañero de fatigas
De Zamora, y peleando
Anda con él desafiando
Las partidas enemigas.
Estriba con bizarría,
Y la espuela nazarena
Suspira en dulce armonía,
Como grillos que á porfía
Lloran del preso la pena.
Guapos el Pago los llama,
Y el alcalde salteadores,
Pero pública la fama
Que no la avaricia inflama
Su pecho en vivos ardores.
Ligados por nudo fuerte
Los dos siguen un camino:
Hermanos de vida y muerte
Aceptan la misma suerte
Bajo el yugo del destino.
IV
Adelantóse Zamora
Y sugetando la rienda
Pidió parte en la contienda
Con altanera atencion.
Todos á una voz gritaron
«Que entre Zamora y Obando».
Y entonces el pato tomando
Zamora con él salió.
Picaron todos de espuelas
Galopando á rienda suelta
Queriendo tomar la vuelta
Del ginete vencedor;
Mas en vano corren, vuelan,
Gritan, pegan, forcejean,
Y resudan, y espolean,
Y le siguen con furor.
Hasta que al fin un ginete
Lo alcanza, y con mano fija
Asiendo de la manija
Hizo el caballo cejar,
Pero Zamora con furia
Lo lleva de una pechada,
Dejando en tierra estampada
De su triunfo la señal.
Pero tres nuevos atlétas
Dispútanle su presea,
Y él en tremenda pelea
La disputa á todos tres.
Forcejean, y tendidos
Furiosos luchan en vano
Por quebrantar una mano
Que hierro parece ser.
Crugen, se estiran los miembros,
Se hinchan de sangre las venas,
Y enronquecidos apenas
Pueden el aire lanzar;
Mas él firme en sus estribos
Como animado centauro,
Disputa á todos el lauro
En combate desigual.
Llegan tres mas, y Zamora
Con la presteza del rayo,
Dando riendas al caballo
Las manijas les quitó:
Dos de ellos fueron al suelo
En pos del tremendo empuje,
Y el que queda firme ruje
De vergüenza y de furor.
V
Y corriendo
Desbandados,
Y empapados
En sudor,
A Zamora
Todos siguen,
Y persiguen
Con furor.
Ya lo alcanzan
O despuntan,
Ya se juntan
En redor,
Cual las hojas
De una planta
Que levanta
El ventarron.
Cual relámpago
Flamígero,
El alígero
Alazan,
Los zanjones
Que encontraba
Los salvaba
Sin parar.
Y por último
Rendidos
Alaridos
Dan de paz,
Y las gorras
Que se quitan
Las agitan
En señal.
VI
Zamora entonces levantando en alto
El pato, cual si fuese una bandera,
Detiene del caballo la carrera
Y le hace el freno con furor tascar,
Y así parado en medio de la pampa
Con su ademan á todos desafia;
Mas viendo que ninguno se movia
Dirige á todos la señal de paz.
Torció las riendas del sobérbio bruto
Y á trote largo adelantóse al rato
Llevando al lado el disputado pato
Que á gruesas gotas de sudor ganó;
Y al acercarse ante el vencido corro
Se desciñó del rostro su barbijo,
Y estas palabras atrevidas dijo
Que la turba entre aplausos recibió.
«Si hay quien dispute que gané la palma
«Átese al punto á la cintura un lazo,
«Que yo tan solo con mi izquierdo brazo
«Ginete, y pingo, y pato arrastraré.»
Nadie admitió su formidable reto:
Tan solo Obando en ademan airado
Sacó del anca un lazo que arrollado
Una serpiente parecia ser.
Por la presilla lo fijó en su cuerpo
Y por la argolla se lo dió á su amigo
Quien se admiraba hallar un enemigo
En el hermano que le diera Dios;
Pero impulsado por feroz orgullo
Asió del lazo en la siniestra mano,
Y á gran galope atravesando el llano
Tirante el lazo entre los dos quedó.
Cual hosco toro que en lazada envuelto
Se niega altivo á obedecer la fuerza,
Y rebramando con furor se esfuerza,
Y aspa y pezuña quiere allí clavar,
Tal Pedro Obando con poder resiste
Al férreo brazo de que está pendiente,
Mientras el lazo entre los dos, crugiente,
Se vé como una lámpara oscilar.
Silencio horrible por do quiera reina:
Enmudeció el frenético alarido,
Y solo se oye el fúnebre crujido
Del lazo palpitante entre los dos;
Mas derrepente resonó un gemido
Dos espirales al formar el lazo,
Y cada cual llevando su pedazo
Envuelto en él al polvo descendió[5].