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Por los llanos inmensos de la pampa
Vaga Castelli triste y silencioso,
Y en su semblante pálido y ansioso
Está grabado el sello del dolor:
Fiel adalid de un pueblo generoso
Cayó con él en medio del combate,
Mas la derrota que al cobarde abate
No ha destemplado el varonil valor.
Lleva la mano al puño de su espada,
Y en la patria cautiva, piensa el bravo:
No vé sino al tirano y al esclavo,
Al verdugo y la víctima infeliz.
A espectáculo tal, cae de rodillas
Con la vista clavada al firmamento,
Y prorumpiendo en dolorido acento:
«Oh Patria mia, mísera de tí!»
Oyese entonces en el vecino bosque
El fuego de las armas estridente,
Y apretando la espada fuertemente
Con ademan resuelto se erguió;
Y vió venir á él, husmeando sangre,
Los feroces lebreles del tirano,
Como á la hambrienta jauría que en el llano
A su víctima acosa con furor.
«Muere salvaje!» rugen los bandidos,
Y él les contesta:—«Moriré peleando;
«Si no triunfé en el campo batallando,
«Con mi muerte, de todos triunfaré.»
Y á Dios encomendando su alma fuerte
Traba con todos vigorosa lucha,
Y circundando, con tezon relucha,
Repitiendo:—«Peleando moriré.»
Al suelo cayó al fin apuñaleado,
Como gigante mole desprendida,
Grande como en su vida en su caida
Murió abrazando el Argentino altar,
Y los cobardes tigres carniceros
Cortaron su cabeza noble y santa,
Y profanaron con inmunda planta
El cadáver del héroe popular.
Y su busto sangriento y palpitante
Pusieron por escarnio en la picota;
Y su sangre que cae gota por gota
Marcando está las horas del dolor.
El pueblo le contempla con asombro
Y de su labio cárdeno y helado
Parece que esperase atribulado
El grito de Esperanza y Redencion.
Clavada está en un palo su cabeza
Cual pendon que concita á la venganza,
Como faro que alienta la esperanza
Para un tiempo de paz y libertad;
Que si hoy como trofeo al despotismo
Se mira torpemente escarnecida,
Un dia llegará en que bendecida
La circunde aureola celestial.
Héroe del Sud, tus pálidas cenizas
Por la pampa se encuentran dispersadas,
Pero de todo un pueblo veneradas
Tienen sepulcro en cada corazon;
En la inmortal memoria de tu pueblo
Que nunca el heroismo ha renegado,
Tu nombre como en bronce está grabado,
Tiene tu noble espíritu mansion.

IX
LOS EMIGRADOS

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Los rotos escuadrones
Salvados del cuchillo,
Buscando otro caudillo
Volviéronse á reunir;
Y en el Tuyú cercados,
Con varonil fiereza
Juraron con firmeza
Libertad ó morir.
El vencedor sobérbio
Cubierto de humor rojo
En su brutal enojo
Esto llegó á decir:
«Rendireis vuestras armas
«Y sereis mis esclavos.»
Y responden los bravos:
Libertad ó morir!
Olmos y Rico dicen
A todos sus guerreros:
«Valientes compañeros,
«Ya vamos á partir;
«El fuego de la Patria
«En el alma llevemos
«Y por ella juremos
«Libertad ó morir.
«Para salvar las armas
«Dejamos este suelo;
«Buscando con anhelo
«Campo en que combatir:
«Y sea nuestro grito
«Al dejar esta playa,
«Y al entrar en batalla
«Libertad ó morir.»
«Busquemos otro campo!»
Mil voces contestaron.....
¿Pensais que derramaron
Un llanto femenil?
En mísero abandono
Sus hogares dejaban,
Y tan solo esclamaban:
«Libertad ó morir!»
Antes que como infames
Doblegar la cabeza,
Supieron con firmeza
Sus cabezas erguir.
Y dejaron la Patria
Y á las naves subieron,
Y otra vez repitieron:
Libertad ó morir.
«Adios, Patria, decian
«Llenos de fé ardiente,
«Pronto el tambor batiente
«Nos llamará á la lid;
«Que si tus caras playas
«Hemos abandonado,
«Es porque hemos jurado
«Libertad ó morir.»

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EPILOGO