I
Á MI HIJA DELFINA
No te hicieron los cielos tan hermosa
Sinó para ser madre y ser esposa.
Olmedo.
Blanca flor que embalsamas mi existencia
De tus perfumes con la grata esencia;
Música cuya suave melodía
Estremece de amor el alma mía;
Rayo de luz que caes sobre mi frente
Disipando las sombras de la mente;
Lágrima de los ojos desprendida
Del serafin que guarda nuestra vida;
Linfa donde apagué mi sed ardiente.
Como el viagero en agua trasparente;
Pichon que bajo el ala adormecido
Desafias las lluvias en tu nido;
Hija mia, entre sueños virginales,
Envuelta por los brazos maternales,
Y en esa fuente del materno seno
Bebe un raudal que de virtudes lleno
En cada gota verterá en tu mente
De nobles pensamientos la simiente,
Que dormirán hasta que en torvo ceño
El tiempo venga á perturbar el sueño;
Y puros sentimientos, ángel mio,
Que jerminando cual la flor de estio,
Derramarán en tu alma ese perfume
Que la virtud de la niñez asume;
Y beberás un bálsamo del cielo
Para espresar dolores en el suelo,
Para exhalar mil gotas cristalinas
Como su aroma blancas clavelinas:
Porque el llanto es la flor que brota hermosa
En el alma sensible y candorosa,
Y el rostro donde nunca ha resbalado
Es arenal que el cielo no ha regado.
Asi cual de la espléndida natura
El llanto es la espresion de la criatura:
El cielo llora gotas de rocio
En las serenas noches del estio,
Y al ausentarse, lánguida la aurora
Entre luces y sombras tambien llora:
Pero todo desciende suavemente
De la misericordia á el ancha frente:
Fertiliza el rocío los eriales,
Y el aurora los lirios virginales,
Y caen las dulces lágrimas del niño
En un seno purísimo de armiño.
Y mas tarde entre manos cariñosas
Que se ahuecan sensibles y piadosas,
Cual urna sencillísima de cobre
Donde se guarda el óbolo del pobre.
Oh tú, que de tu vida en la mañana
Te meces en el valle tan lozana:
Que sea tu cabeza bendecida
Sobre la dura almohada de la vida;
Que recorras tu plácida alborada
Por angélicas voces arrullada;
Que el viento de la dicha infle tu vela
Mientras la luna del placer riela;
Y que si acaso un dia, negro velo
Míras estender sobre tu cielo,
Veas llegar á tu arca placentera
La paloma de dichas mensagera
Para anunciarte en tu hombro reclinada:
«La tempestad se vé ya apaciguada,
«La luz del sol de nuevo te ilumina
«Y las flores esmaltan la colina;
«Tersa se vé la frente de tu rio
«Y no hay en él ni un áspero bajío:
«Mucho vagaste niña por los mares:
«Al fin reposarás entre tus lares,
«En la ribera nítida y risueña
«Que allá en el horizonte se diseña,
«Do encallará tu barca suavemente
«Como del manso arroyo la corriente.»
Ora, hija mia, lejos de huracanes
Duerme agena de míseros afanes
Mientras tu madre tu cabeza pura
Bautiza con sus gotas de ternura,
Las que tu padre enjuga blandamente
Al deponer un ósculo en tu frente,
Dejando en esas lágrimas escrita
Una dulce palabra:—«¡Eres bendita!»
———
Iris de paz y ventura,
Sueño de toda mi vida,
Que naciste para mí
Como el sol tras noche fria!
¡Ah! cuando tus bellos ojos
Entreabriste adormecida
Sentí que en esa mirada
Me llenabas de delicias;
Como el ciego que cobrando
Loco de gozo la vista
Quiere abrazar á la luz
Pensando que lo acaricia.
Si tú entendieras mis sueños,
Mis esperanzas perdidas,
En esos labios de rosa
Con besos te contaría
Que antes de venir al mundo
En mi mente eras nacida...
¡Oh, si tú me comprendieras
Cuántas cosas te diria!
Entonces supieras tú
Que era muy triste mi vida,
Antes de ver á tu madre
Que la convirtió en delicias;
Entonces fué que la llama
Brotó de tibias cenizas,
Entonces fué que mi pecho
De nuevo se abrió á la dicha,
Y desde entonces serenos
Se deslizaron mis dias,
Entre esperanzas risueñas
Que el futuro embellecian,
Y gratas conversaciones
Llenas de amor y alegría
Que terminaban diciendo:
«¡Ah, no tener una hija!»
Oh, cuantas veces paseando.
En una tarde tranquila,
Al sentarnos cavilosos
Del ancho mar á la orilla
Con el baston, en la arena
Mil caractéres ponia:
Ya una palabra aislada
Signo de melancolía;
Ya una linea caprichosa
Cual la idea fugitiva:
Ya una letra mutilada
Cual del infeliz la vida.
Y sin pensar de repente,
Si estas lineas recorria
Encontraba escrito en ellas:
«¡Ay, no tener una hija!»
Muchas veces junto al fuego
En las noches invernizas
Cruzaban breves las horas
Mirando al fuego que ardia,
Siguiendo su oscilacion
Y viendo brotar sus chispas,
Que en sus fantásticos giros
Todo el hogar recorrian,
Hasta caer soñolientas
Entre pálidas cenizas;
Y entonces en los carbones
Que á trecho en trecho lucian,
Como dos ojos ardientes
Sobre frente encanecida,
Nos parecia leer:
«¡Oh, no tener una hija!»
Naciste tú, y has colmado
La copa de nuestra dicha:
Ya no en fantásticos sueños
Nuestra mente se fatiga:
Fijos delante tu rostro
Con nuestra vista en tu vista,
Bebemos miel deliciosa
En tu inefable sonrisa;
Y pensamos en tu suerte
Cuando vengan otros dias,
Cuando corazon y mente
Con doble peso te aflijan,
Haciendo inclinar tu frente
Como una rosa marchita;
Cuando á los piés de tu cama
Colocada de rodillas
Alabes á tu Criador
En tus plegarias de niña;
Cuando pidas á tus padres
Que amorosos te bendigan,
Dándote un beso en la frente
Para ir á dormir tranquila;
Cuando indagues cavilosa
En mi frente encanecida
Los hondos surcos que marquen
El tránsito de la vida;
Cuando recorran tus ojos
Estas paternales líneas,
Que si eres feliz leerás
Con angélica sonrisa,
Y si sufres, se verán
Por tu llanto humedecidas;
Cuando en un mar proceloso
Pueda servirte de guia,
Llevándote ángel hermoso
Hasta el puerto de la dicha,
Como te llevo en mis brazos
Hasta la cuna tranquila.
Abre esos ojos azules
Do la ternura se anida,
Oye mis tiernas palabras
Y luego duerme, hija mia.
———
¿Vés de tu madre la húmeda pupila
Que fija en tí, cual mágica sibila
Parece que interroga el porvenir?
Si, le interroga, y pide que el destino
Matizando de flores tu camino
Embalsame de dichas tu vivir.
Hoy que yaces envuelta en la inocencia
Y no puede abarcar tu inteligencia
Lo que es la maternal contemplacion.
Entenderás la voz del sentimiento
Que inoculada en mi amoroso aliento
Descenderá á tu puro corazon.
No te señalaré de las estrellas
Ni el claro sol, las rutilantes huellas,
Para elevar tu mente al Hacedor:
No obligaré á que dobles la rodilla
Al que arrojó en el mundo la semilla
Del árbol que se eleva á su Criador.
No te diré si el vicio desbocado,
Cual torrente del monte desatado,
Quiere hacer las virtudes zozobrar;
Oh, no sabrás si alzada la cabeza
Enarbola bandera la impureza
De la familia en el derruido altar.
Nunca tu padre manchará tu frente,
Donde brilla la luz del inocente
Como en los rios nubes de zafir;
Por mostrarte la crápula del vicio,
Jamas te acercaré del precipicio
Que vértigo derrama en el vivir.
Me inclinaré sobre tu boca pura
Y te daré consejos de ternura
En el ignoto idioma del amor;
Y mis palabras bajarán á tu alma
Cual en noches de estío, en grata calma
Se inocula el rocío entre la flor.
Inefables consejos ignorados,
Sin traduccion, como ecos tribulados
Del aura de la noche en el jardin;
Nadie entiende sus quejas doloridas
Pero al nacer la aurora, entretegidas
Se ven brotar do quier rosas sin fin.
Nadie comprenderá ahora mi acento:
Mas llegará, hija mia, algun momento
Que se verán las rosas jerminar,
Y alzando ufanas sus cabezas rojas
El viento murmurando entre sus hojas
Se bañará en lo que hizo fecundar.
Algun dia serás lozana rosa
Cuando mi frente pálida y rugosa
Se incline en tu perfume á refrescar;
Cuando el labio marchito de dolores
Quiera gozar el aura de las flores
Sintiéndote, ángel bello, respirar.
Dios te colme de santas bendiciones
Apretando los duros eslabones
Que separan del vicio á la virtud,
Y tierna madre, enamorada esposa,
Mire brotar pimpollos de mi rosa
Para aliviar mi ingrata senectud.
El genio de la paz y la armonía
Cubriendo tu cabeza noche y dia
Te guarde del aliento del dolor;
Y el ángel puedas ser de tu familia
Que en las eternas noches de vigilia
Dés amparo á las prendas de tu amor.
Y de los niños fiados á tus manos
Salgan fuertes y buenos ciudadanos
Formados en el halda maternal,
Donde aprendan á odiar la tiranía
Y á combatir con ínclita porfía
Por los santos principios de igualdad.
¡Oh, la mision de la mujer es santa!
Ella la flor de las virtudes planta
Del niño en el fecundo corazon,
Y cuando vé á la patria que agoniza
Desprende de su seno á el ancha liza
De patriotas audaz generacion.
Así en Mayo nacieron los campeones
Que rompieron los duros eslabones
Que nos forjó la torpe iniquidad,
Y con la leche encima de los labios,
Fuertes guerreros, gobernantes sabios
Contempló con asombro aquella edad.
Y hoy en la lucha santa que emprendimos
Niños sobre la arena descendimos
Para arrimar el hombro al patrio altar,
Y al darnos nuestra madre abrazo estrecho
Nos pone sollozando sobre el pecho
Los colores de Salta y Tucuman.
De la virtud modesta de los lares
Guarda el fuego sagrado en tus altares,
De la familia cándida vestal;
Que ese fuego que el casto hogar calienta
Es la luz que nos guia en la tormenta
De la vida, cual místico fanal.