La poesía es el puente misterioso que une al hombre físico con el hombre moral, y que pone en contacto todas sus facultades; por eso decia Schiller:—«Para filosofar, basta la mitad del hombre mientras que la otra mitad puede descansar: pero las musas lo absorben todo.» Para ser poeta, se necesita sentir y pensar á un mismo tiempo, y poner en ejercicio el poder de abstraccion á la vez que la imaginacion, porque lo que no conmueve y convence, no merece el nombre de poesía. Las ciencias y las artes no tienen alas para volar mas allá de las fronteras del mundo material, ni ojos para objetos que se hallen fuera del alcance del telescopio. La poesía ademas de tener alas y de tener ojos para recorrer el universo y contemplar en él cuanto hay de grande y de bello, puede lanzarse á los espacios infinitos de la creacion, penetrar en los dominios del mundo inmaterial, poner al hombre en relacion con Dios, y establecer entre el cielo y la tierra aquella cadena de oro, que segun los antiguos, ligaba á la criatura con su Criador.
Esto es la poesía, esto es el arte divino, del cual ha dicho Vd. que solo tiene sacerdotes entre los hombres incapaces de accion, esto es lo que Vd. ha llamado «monólogo sublime á veces, estéril siempre».
Una república prosáica, tal cual Vd. parece desearla, tendria mucha semejanza con aquella pálida mansion de los héroes de la antigüedad, que el Dante nos describe en su Infierno: imágen debilitada de la vida, en que las sombras vagan sin esperanzas de un bien mejor, llorando la pérdida de una felicidad que nunca conocieron. Sería un cuerpo sin alma; sería la bella estátua de Prometeo sin el fuego sagrado que la dió vida y movimiento. Desheredados de la poesía, ¿qué voz simpática responderia á las armonías secretas del corazon? ¿qué potencia sobrenatural nos elevaria á la contemplacion de lo infinito? ¿qué relámpago iluminaria con sus resplandores pasageros las profundidades de nuestro ser? ¿por qué medio se dirigirian los instintos, una vez quebrado el instrumento usual con que se forma y desarrolla el sentimiento y la inteligencia de lo bello? Preguntas son estas que pondrian en bárbaros aprietos al legislador en teoría de esa soñada república platónica.
No sé por qué me parece encontrar cierta analogía entre su idea y las asociaciones de las abejas, de las hormigas y de los castores. Hé aquí tres repúblicas que realizan el bello ideal de los positivistas, y que llenan todas las condiciones pedidas por Vd.: repúblicas de matemáticos, de ingenieros, de químicos y de industriales, que pasan la vida cavando la tierra, edificando y destilando, «aplicando al trabajo todas las fuerzas físicas sin «malgastar sus fuerzas intelectuales en ornamentaciones inútiles, ni en monólogos sublimes, pero estériles»; y deshojando las flores para arrojar sus perfumes en el gran alambique de la fábrica comunista! Hé aquí su bello ideal: el hombre menos la idea del progreso, menos la aspiracion á lo infinito, menos la condicion de la perfectibilidad; porque, desengáñese, sin la poesía bajo alguna de sus formas, el progreso, la abstraccion y la perfectibilidad son imposibles. Así se vé que los castores, las hormigas y las abejas fabrican sus casas, hacen sus provisiones, trazan sus exágonos y destilan la miel lo mismo hoy que al principio del mundo, lo mismo mañana que hoy, sin dar un paso adelante. ¿Por qué? Porque les falta la poesía que satisface á la aspiracion de lo mejor, de lo ideal, que es el resorte poderoso de la perfectibilidad humana. Su aspiracion prosáica me trae á la memoria en este momento los versos de un poeta español del siglo pasado:
Dura resolucion desesperada
Labrarse un molde en qué vaciar la vida,
Sin que se altere de la estampa nada.
Los espartanos pretendieron tambien estirpar la poesía del corazon, y lograron fabricar un molde artificial para dar una nueva forma á la naturaleza humana, ¿y qué consiguieron? destruir el libre albedrío, arrebatar á la inteligencia el atributo mas bello de la divinidad, despojar á la humanidad de sus amables virtudes, sin estirpar sin embargo esa poesía colectiva, á despecho del mismo pueblo que la rechazaba, que, como lo ha observado Tocqueville, es el signo característico de la poesía democrática. La república de Esparta no es, por otra parte, sino un engendro de la imaginacion poética de Licurgo, que concibió una asociacion en su cabeza, la formuló en un poema que llamó leyes, y fanatizado por su idea, como Saint-Simon y Fourrier en nuestros dias, dió su vida á trueque de ver realizada su teoría, hija mas bien de la fantasía que de la observacion de la naturaleza humana.
Apesar de tantas precauciones, la música y la poesía tenian un culto secreto en el corazon de aquellos austeros ciudadanos, dispuestos á morir por sus santas leyes; y la prueba de esto es, que allí fué donde se añadió una cuerda mas á la lira, lo que le valió un destierro perpétuo al inventor, bajo el pretesto de que tales armonías convidaban al pueblo á la molicie.
La lira se encargó de su venganza.
Años despues, los de Esparta en guerra con los Mesenianos, pidieron auxilio á Atenas. Esta República les envió por contingente un poeta armado de una lira. El poeta se llamaba Tirteo. Sus himnos guerreros encendieron el entusiasmo en todos los corazones y templaron la fibra viril del pueblo abatido por la derrota, que voló con decision á la batalla. Rotos los escuadrones de Esparta, los dispersos oyeron á su espalda la voz robusta de Tirteo, que se acompañaba con la lira encordada por los Espartanos, y volviendo caras, conquistaron de nuevo el lauro de la victoria, probando á sus enemigos que la poesía lejos de convidar á la molicie sabe exaltar lo que hay de mas noble y de mas sublime en el corazon humano. Por esto, el mismo Licurgo se vió obligado á confesar que el triunfo de Lacedemonia se debia á Tirteo. Los Lacedemonios, salvados por la poesía, que en vano habian procurado proscribir, dieron á Tirteo el título de ciudadano, y promulgaron una ley para que en adelante sus poesías fuesen recitadas á los ejércitos de la república, reunidos en torno de la tienda de campaña de sus Generales.
A Vd., á quien veo muy propenso á seguir el ejemplo del éforo espartano, puesto que, segun Vd., la poesía es hija de la impotencia y la pereza, bueno es predicarle con estos ejemplos elocuentes que echan por tierra todas sus teorías, que con la mayor seriedad llama cosas prácticas. Y ya que andamos viajando por la antigua Grecia no abandonaremos este pais encantador, cuyos laureles nos quitan el sueño, sin haber hecho otra escursion por su historia. En una carta que nada tiene de geográfica, son permitidos estos paseos caprichosos, en que la imaginacion gusta estraviarse por los senderos floridos que se abren ante sus pasos, aunque ignore á donde van á parar.