Sobre la tumba sangrienta
Que abrió el plomo del tirano,
Donde reposa un hermano
Que me dió la sociedad,
Derramaron ya las flores
De poética armonía,
Vates de la patria mia,
Bardos de la libertad.
La composicion que hoy se publica difiere algun tanto de la primitiva, pues ha sido limada por su autor al tiempo de correjir las pruebas, que sin agregarle ninguna estrofa nueva ha suprimido de ella muchas que no correspondian á la entonacion general del canto, lo que le ha hecho conocer la verdad de aquella observacion de Alfieri en sus Memorias, cuando hablando de los tres años que empleó en correjir las pruebas de sus obras poéticas, dice que sin esta última correccion todo el trabajo de su vida habria sido perdido, «tan cierto es, añade, que el colorido y la lima forman una parte esencial de toda poesía.» El título tambien ha sido variado.
2ª—PÁGINA 10
La pluma manejando con la ñudosa lanza
«N'hua mao sempre á espada, n'outra á penna.
CAMOENS—Lusiadas.
3ª—PÁGINA 12
No veo el alta torre del magestuoso templo,
Cuyo círculo cubre la gloria con sus alas,
Porque está acribillada de las rujientes balas
Que el cañon argentino lanzára á Wicteloke.
Las torres de la iglesia de Santo Domingo, donde se refugió la columna del coronel Pack que fué hecha prisionera en la segunda invasion de los ingleses, y que conserva todavia las cicatrices de las balas de cañon disparadas desde la fortaleza.
4ª—PÁGINA 12
No veo aquellos muros que consagró la historia,
Cuando asilado en ellos ejército estrangero
El pueblo omnipotente, con ademan severo,
Hizo rendir la espada del bravo Berresford.
La Fortaleza de Buenos Aires, antigua morada de los Vireyes. En la primera invasion de los ingleses, Berresford, atacado por todas partes por el pueblo, tuvo que encerrarse dentro de sus muros con todo su ejército, resuelto á hacer resistencia, ó por lo menos con el objeto de obtener una capitulacion honrosa; pero al aspecto del pueblo armado que se disponia á marchar al asalto, arrió la bandera inglesa y se rindió á discrecion entregando su espada, terminando así la célebre jornada de la Reconquista, en que los argentinos se midieron por la primera vez con la primera potencia del mundo.