La rima y el acento: hé aquí, pues, los dos pilares en que se columpia suavemente el verso, hé aquí las dos condiciones que lo caracterizan; hé aquí las dos líneas pronunciadas que lo separan del verso antiguo, y la causa de que sea tan difícil hablar y pensar en verso en nuestros dias. Esta dificultad es tal vez la causa de que el mundo, despues de la aparicion de la prosa, y despues de la extincion de los idiomas muertos, haya producido un número tan limitado de grandes poetas, todos los cuales han quedado siempre muy abajo del original, incluso Virgilio, que es un reflejo de la poesía primitiva. Pero estas nuevas dificultades impuestas al lenguage poético, si por una parte han disminuido el número de los que pueden hablar en verso, por otra parte han servido eficazmente á su adelanto, dándole ese resorte poderoso que hace que el pensamiento se escape con mas potencia á medida que mas se reconcentra. La rima, que Madama Staël, llama "el eco del pensamiento," ha contribuido no poco á templar la poesía, que de otro modo sería un lenguage lánguido y descolorido, y asi se observa estudiando las obras de los grandes poetas, que huyen con cuidado de emplear consonantes vulgares para espresar pensamientos sublimes, y que muchas veces la rebusca de un consonante original, imprime á la idea una novedad inesperada, abriendo á la imaginacion nuevos horizontes, que de otro modo la inteligencia no habria entrevisto.

Los que crean ver en esos accesorios de la poesía, las ornamentaciones plásticas de un arte en decadencia, se equivocan sobremanera; desde que, como se vé, esos accesorios de la poesía son parte integrante de ella, como los nervios del cuerpo humano. La fuente de la poesía no se ha agotado aun, bien que los poetas de estos tiempos no vayan á beber la inspiracion en las ondas de Helicona, y la lira del clásico Apolo es un instrumento que está muy lejos de haber dado todas sus armonías. Como lo observa D'Ampere:—"todo en este mundo tiene su colocacion, y la poesía conservará eternamente la suya. Siempre habrá una necesidad de ideas, una aspiracion hácia un mundo superior, que cada dia será mas difícil satisfacer, y á la cual no podrán jamas bastar ni las altas abstracciones del pensamiento, ni los curiosos resultados de la ciencia, ni los descubrimientos de la historia. Despues de todo lo que se ha hecho, hay todavia muchos abismos que esplorar en la imaginacion y en el corazon del hombre. Hay que pintar todavia los nuevos sentimientos que desenvuelve el progreso de los siglos; y hasta las grandes ideas de la ciencia, las vistas elevadas de la filosofía, de la historia, tienen su poesía, y esta poesía, está por crearse. Existe para la humanidad un océano de entusiasmo que está muy lejos de agotarse." Renuncie pues, á su insensato empeño de romper ese instrumento, cuya escala no tiene término, cuyas notas son infinitas, y que todavia no ha recorrido la millonésima parte del diapason de las pasiones. Lejos de eso, si á mí me fuera dado, no solo procuraria retemplarlo, sino que daria mucho por poder rehacer los libros poéticos de las antiguas religiones, que Vd. sabe leemos hoy en prosa, por haberse perdido la prosodia de los idiomas primitivos, sin embargo de que el perfume de su exquisita poesía, trasciende al través de las edades.

Pero observo que el sendero florido que seguíamos nos ha llevado á la frontera del antiguo Egipto. Volvamos hácia atrás en busca de nuestra querida Grecia, que todavía no he agotado el tema, y en ella hemos de volver á encontrar al Egipto. Hablábamos de Homero.

Para Vd., la epopeya de Homero es un monólogo estéril y sublime. Pues bien, ese monólogo estéril y sublime es el resúmen de la cosmogonía y de la filosofía sacerdotal del Egipto, cuna de la civilizacion del mundo. Así dice el erudito don Agustin Duran, que «Hesiodo y Homero, creadores de la epopeya Griega, formaron sus poemas, redactando con sus fábulas todo el sistema político, filosófico y religioso que constituye el espíritu de los pueblos progresivos, bajo cuyos auspicios marcha aun la sociedad europea.» No es de estrañar que en vista de una obra tan vasta y tan sublime, muchos hayan dudado de la existencia de Homero—entre ellos Vico, en su Scienza Nuova—acreditando la hipótesis de que la Iliada y la Odisea se componen de una série de cantos populares, que transmitidos de siglo en siglo por la tradicion oral, adicionándose con nuevos cantos al pasar por cada generacion, llegaron á formar esos dos libros inmortales, cuyo verdadero autor es todo el pueblo griego. Cuando hablemos del Romancero español verá que la hipótesis no carece de fundamento racional, pero por ahora, sea que Homero haya existido ó no, para el fin que me propongo es lo mismo, puesto que con este ejemplo le demuestro hasta la última evidencia, que no solo el lenguaje poético sino la poesía mas sublime, fué la primera manifestacion de la inteligencia humana, el primer molde en que se vació el verbo hecho hombre para redimirnos del cautiverio de la ignorancia.

Si esto no le bastase para convencerse de la verdad de mi tésis, oiga á los génios investigadores que han compulsado los monumentos escritos de la antigüedad, y le dirán que el Veda enigmático de los Bracmas, las tradiciones pérsicas de los Güebros, el Zend Avesta de Zoroastro, los libros de Osiris, el Koran, y el Edda de los Escandinavos, fueron escritos, «en un lenguaje métrico y sentencioso», así como el Génesis y los demás libros poéticos de la Biblia; y que los Frigios y los Licios, en la estremidad occidental del globo, lo mismo que los Túrdulos y Turdetanos en el mediodia de la Europa—segun lo dice Strabon y lo repite Humboldt—redactaron en verso sus leyes, á las cuales asignaban una antigüedad de seis mil años.

¿Cómo, pues, habla con tan poco respeto de la poesía que hizo surgir la luz de la inteligencia, el mundo moral de las ideas, del caos sin forma ni color de las masas inertes de nuestro ser material?

¡Arrodíllate, pecador, y pide la absolucion de tu blasfemia, á los piés de esa madre misericordiosa, que se llama poesía, y de cuyo seno mana la leche y la miel con que alimentas tu alma!

Pero no, antes de vestir la cándida túnica de los neófitos, volvamos á la Grecia por la última vez, y estudiemos el mágico poder de la poesía en uno de sus mas grandes pueblos y de sus mas grandes hombres: Atenas y Solon.

Los atenienses, despues de haber sido batidos por los de Megara—ciudad dórica—decretaron la pena de muerte contra todo el que hiciera una mocion para retornar á Salamina. Algunos años despues, un poeta hizo llorar al pueblo con el relato de las desgracias de Jonia, y el poeta fué multado por el tribunal, imitando en esto la crueldad de Esparta al desterrar al que encordó la lira.

Solon, comprendiendo todo el partido que podia sacarse de la poesía para imprimir al pueblo un movimiento eléctrico y sublime, haciéndose el insensato, infringió el decreto sobre Salamina, entonando en la plaza pública un cántico guerrero, por medio del cual, el futuro legislador, cual otro Tirteo, logró encender el entusiasmo popular. El pueblo pidió á gritos el ataque de Salamina, y Solon haciéndose general en gefe, y cambiando la lira por la espada, tomó á Salamina á la cabeza de quinientos hombres.