Pytágoras, la cabeza mas matemática que haya producido el mundo, sin escluir la de Pascal, continuó pensando en verso, y en verso continuó hablando á sus discípulos, que en sus Versos Dorados nos han transmitido las lecciones de aquel gran maestro y de su inmortal escuela.
Hasta la época de Platon no se acreditó la prosa entre los filósofos griegos.
Los latinos no conocieron la prosa sino 307 años despues de la fundacion de Roma, en que con motivo de una arenga pronunciada ante el Senado por Apio Caecus, para exitarlo á que no hiciera alianza con Pyrro, se introdujo el uso de este lenguage en la vida civil.
Los Arabes no escribieron en prosa hasta el siglo VI de nuestra era, es decir, bajo la dominacion de Mahoma; y en Irlanda no se hizo uso de ella hasta el siglo XII.
Basta lo dicho para demostrar que la poesía precedió á la prosa, y que esta no es otra cosa en realidad, que el verso roto y descompuesto ajustado á otra cadencia mas grave y menos vibrante.
Aquí tiene Vd. como al descomponer los versos y ensartarlos unos tras otros, no ha hecho otra cosa que plagiar á los primitivos prosadores, repitiendo sin sospecharlo, uno de los pasos mas gigantescos que haya dado el lenguage universal, cual es la transicion del verso á la prosa.
Pero lo que en los antiguos era un progreso, en Vd. es un retroceso; y para demostrarle claramente esto que parecerá una paradoja, necesito entrar en algunos detalles técnicos sobre la versificacion.
En las edades primitivas era mas fácil hacer verso que prosa, porque el lenguage métrico era para el hombre lo que el canto para el pájaro, en razon de que, fundándose los idiomas primitivos sobre sonidos imitativos, eran mas sonoros, mas armoniosos, mas ricos en su pronunciacion, y todas sus palabras, á la manera de esas tres notas musicales que de cualquier modo que se combinen producen una melodía, de cualquier modo que se mezclasen, siempre daban por resultado un verso. Eran tambien, si así puede decirse, mas pintorescos, pues como lo observa un crítico español, "los sonidos prolongados mas bien que articulados, de que están llenas las lenguas salvages, parecen mas propios para conmover la imaginacion pintando, que para hablar al entendimiento definiendo." En tales idiomas, todo el artificio del verso—si es que artificio habia—consistia en la medida de las partes y en los tiempos de la pronunciacion. La inspiracion era todo: el verbo no se habia encerrado todavia—segun la espresion de Nodier—en el tubo de una pluma. Como entre los antiguos la música y la poesía estaban identificadas, pues segun dice Strabon, "hablar y cantar era lo mismo en otro tiempo", el ritmo gobernaba á la melodía. Cada sílaba tenia un sonido y una duracion determinada, y la division de las sílabas en largas y breves, habia asimilado completamente el ritmo poético al ritmo musical. Así es que en Grecia, el descubrimiento de un nuevo metro daba por resultado inmediato la invencion de una nueva música, y las escuelas musicales que conocemos con los nombres de dórica, lidia, frigia, jónica, y eólica, no estaban fundadas sino en la diversidad de metros, siendo los sonidos radicales exactamente los mismos. Cada verso estaba dividido en cierto número de compases, á que damos todavia el nombre de pies, y cuya pronunciacion, alternada dentro de tiempos iguales, producía la cadencia que venia á herir el oido periódicamente, cualquiera que fuese la diversidad de los sonidos. El movimiento alternado de las sílabas largas y breves ó vice-versa, y la combinacion armoniosa de los pies ó compases, era lo que producía la diversidad de metros, la cual fué prodijiosa entre los Griegos y Romanos. Debido sin duda á ese sentimiento de la armonía que se desarrollaba con el hombre, y que dejaba libre la imaginacion para remontar su vuelo, es que las edades primitivas hayan producido poetas tan sublimes como Homero y como Job, poetas que no serán igualados jamás, á menos que la humanidad no vuelva á encontrar la rica prosodia de los primeros tiempos.
Hoy sucede todo lo contrario. Es mas fácil hablar y pensar en prosa, que cantar en verso, habiéndose multiplicado las dificultades de la versificacion, así por la complicacion del nuevo sistema métrico cuanto por las abstracciones de que las lenguas modernas se han impregnado, al absorver tantas ideas nuevas y complexas como han surgido de la mente humana. La rica prosodia de los idiomas onomatopéyicos ha desaparecido en los idiomas modernos, y con ellos el ritmo y la cadencia de la versificacion primitiva, falta que ha sido necesario suplir con la invencion del actual sistema métrico, cuyos recursos armónicos consisten en períodos musicales, marcados por consonantes ó asonantes, acentos y apoyaturas, arte completamente desconocido de los antiguos, por que esto era totalmente inútil, desde que el ritmo suplía ventajosamente la rima. Los provenzales fueron los primeros que se apercibieron de la dificultad de distinguir las sílabas en largas y breves, como lo hacían los antiguos, y los que á imitacion de los Arabes (á lo que parece) sacando partido de una lengua enérgicamente acentuada, combinaron hábilmente las acentuaciones haciéndolas alternar con las sílabas no acentuadas, y añadiendo el ornamento de la rima produjeron en su conjunto un movimiento análogo al del verso antiguo, aunque por otra parte cada sílaba dejó de tener su valor musical, como sucedía anteriormente. Tal es la teoría de la cesura que divide el verso en dos partes de un movimiento uniforme ó acompasado, dando al oído un ligero descanso que rompa la monotonía, de lo que proviene que versos de un mismo número de sílabas difieran tan notablemente entre sí. La colocacion respectiva de los acentos y apoyaturas decide del movimiento del verso: así es que, hay varias clases de versos endecasílabos, cada uno de los cuales representa en realidad un metro distinto, fenómeno de que no se han apercibido todos los poetas españoles.
Tales son las leyes de la versificacion moderna, á las cuales se han sometido las lenguas del mediodia de la Europa, á escepcion de la francesa, como lo observé antes. En esta última, el esfuerzo de la pronunciacion está repartido igualmente entre todas las sílabas, sin que el acento marque el sonido capital de cada palabra, de lo que proviene el martilleo monótono de sus versos, martilleo que Víctor Hugo ha pretendido corregir por el corte del alejandrino, asimilándolo en cierto modo á la prosa, que es lo mismo que los españoles—y entre ellos Moratin y Jovellanos—han hecho con el verso blanco. Hablando de esto, dice el autor de La Literatura del Mediodia de la Europa:—"En nuestra poesía moderna, las sílabas no son consideradas por lo que respecta á su duracion solamente, sino tambien en cuanto á sus acordes; y esas vocales, ya ligeras, ya sensibles ó sonoras, no pasan desapercibidas cuando la rima las hace esperar y determina su situacion. ¿Qué seria de la poesía provenzal si no buscásemos en ella mas que el pensamiento, tal cual puede reflejarlo una prosa lánguida? Habia en ella algo mas que el simple sentido de las palabras, cuando el trovador armonizaba su bello lenguage con los sones melodiosos de su arpa; cuando la inspiracion guerrera le suministraba rimas enérgicas, nerviosas y resonantes; cuando espresaba la embriaguez del amor por medio de sonidos tristes y voluptuosos. La prosodia, del mismo modo que la rima, se acordaba con las emociones de su alma, mucho mejor que el sentido de las palabras; la acentuacion repetida y precipitada, que golpeaba cada segunda sílaba en los versos yámbicos, parecia corresponder á las pulsaciones de su corazon, y al movimiento del alma. Así fué como por medio de esta sensibilidad esquisita de las impresiones musicales, y de esta organizacion delicadísima, inventaron los trovadores un arte de que ellos mismos no podian darse cuenta, y como, con el auxilio de una nueva armonía, lograron comunicar esa emocion del alma, que todos los poetas han buscado, y que no pueden encontrar sinó siguiendo las huellas de esos inventores de nuestra prosodia."