A las 6 de la mañana salí con viento al SE flojo, y se fueron loa indios: antes de irse me llamó Teresa con secreto, y me dijo que el cacique Francisco se iba huyendo rio arriba, porque tenia en sus toldos dos cristianos, el uno llamado Mariano y el otro Francisco: y asimismo que ya habiamos pasado el Choelechel, que es una loma que está en la cuchilla, á la cual los indios dan este nombre, pero que el paso de las indiadas está mas arriba, y que allí iba á parar Francisco, y los del viejo que van tambien á su solicitud. Navegué hasta de noche: se pescaron 13 truchas que son muy ricas, y desde luego me parece pesarian 50 libras. La distancia que he navegado segun las vueltas del rio llegó á 15 millas, pero en línea recta al NO corregido, 6. En estos tres dias próximos pasados todas las tierras han sido superiores, tales que desde aquí al desague del rio ni por asomo se hallan otras que les igualen; pero las que pasé hoy sobre todas. El potrero adonde estaban los toldos del cacique viejo, á mas de ser excelentes tierras, tiene la mejor proporcion que dar se puede para invernar, fortificarse y guardar el ganado: su entrada, como mas arriba tengo dicho, es de 250 varas; á esta se le puede hacer estacada de palo á pique, que para los indios es inexpugnable; con la misma y aun con mas facilidad se le puede abrir un foso de agua, por ser el terreno tan bajo que está elevado solamente dos palmos sobre la superficie del agua. Hecho esto, y poniendo un puente levadizo, con seis hombres, hay bastante: y no se piense que esto es muy difícil, porque, yo solamente con los marineros que tengo, toda esta obra tendria concluida en el término de un mes.[1]

Muchos y buenos potreros ó rinconadas he pasado desde que salí del establecimiento, pero ninguna como la que llevo dicho para el expresado intento. Tiene dicha rinconada otra excelencia, que sino es mas superior que las antecedentes no cede á ninguna de ellas, y es que por la parte del N no es tierra firme sino isla, y la parte del rio que pasa por la parte del N de ella, es de tanto caudal como la que pasa por la parte del S por la cual navego. Esta isla es muy grande, pues el principio de ella lo hallé el dia 2 del corriente, de cuya horqueta hago referencia en dicho dia.

DIA 7.

Salí al ser de dia, continuando mi navegacion, y mandé á los calafates y carpintero que montasen á caballo, y junto con los peones acompañasen ganado y caballada, y que llevase tres armas de fuego cada uno. Supe por los indios, que los fuegos é incendios del campo eran señal de reunion entre ellos, y seña de venir algun enemino de aquella nacion, á los cuales sus aliados y parientes le hacian esta seña. Desde el dia siguiente que se hallaron los primeros indios, hemos visto diariamente algun fuego, y siempre mas arriba de nosotros, pero nunca como desde antes de ayer, porque á las 4 horas de salir el cacique Francisco, empezó á arder el campo por diversos parages por la orilla del rio, y segun el camino que dicho Francisco llevaba: pero no por eso dejó de proseguir, pues el dia de hoy nos abrasamos entre las llamas de los fuegos, que parecia todo el campo un infierno. A la 1 de la tarde llegaron tres indios junto á nosotros, el hermano del capitan Chiquito con otros dos, y nos dijo que ya sus toldos iban delante á incorporarse con los de Francisco: lo regalé y se fué. A las 4 de la tarde pasaron los indios, y hablaron con los peones, los cuales llevaban un caballo que habian dejado cuando vinieron con el ganado, por estar despeado: estos dijeron que venian del Colorado con su cacique Guisél, el cual quedaba acampado en el mismo sitio donde estaban los toldos del Cacique Viejo, y que este los habia mandado á los toldos de Francisco. Navegué este dia al NO 6 millas de distancia, y por el rio 14.

Pusieron los indios el campo tan abrasado, que no hallé en todo el dia parage alguno adonde comiese algo el ganado. A la tarde hice matar una res, porque no era posible sugetarla, y se repartió entre la gente. A las 11½ de la noche dispararon los caballos.

DIA 8.

Al salir el sol continué mi camino con viento al SO, que aprovechaba en las vueltas adonde venia bien. A las 9 llegamos á una que fué preciso pasarla toda á espias, por ser el viento contrario: hoy se vieron pasar otros dos indios, uno hácia abajo y otro hácia arriba, sin llegar á las embarciones, antes bien, particularmente uno, caminaba á media rienda y por la orilla de la barranca. Estos movimientos de los indios, y el conocer su doblez é intencion depravada hácia nosotros, me tienen con cuidado. A mediodia monté á caballo á reconocer el campo, y en mas de 2 leguas no se halla pasto alguno para nuestro ganado, por haberlo quemado los indios.

Navegué este dia al NO corregido 3 millas de distancia, siendo por el rio 7 y de tierras muy inferiores: de la banda del S y la del N no puedo hacer juicio, porque por la orilla todo lo que hoy hemos caminado es bañado en esta isla.

DIA 9.

Reflexionando en los movimientos de los indios, los inconvenientes que tenemos de dejar los de Guisél atras, que se puede decir con seguridad que estos interceptarán nuestros chasques y la correspondencia que debe tener libre la expedicion con el caballero Super-Intendente, para que este, segun el estado de las cosas, le comunique sus órdenes: el no saber si los indios de dicho Guisél habrán hallado á la partida que trajo el ganado, como asimismo el no saber adonde van, qué intenciones llevan, y si se juntaron ya con Francisco: si este está en parage donde se le pueda atacar, qué indiada se juntó con él, qué hacienda tiene; ó si está en parage adonde no pueda ser atacado con las embarcaciones, ó si teniéndolo debajo del tiro, tener seguro nuestro ganado, y de no tomar otro medio que tierra, qué paso en el rio, &c.; para esto mandé al marinero Miguel Benites Paraguayo, (porque reusando hacer este servicio todos los peones, este se ofreció libremente) mozo bastantemente vivo y avisado, para que llevase una botija de aguardiente de regalo al cacique Francisco, con pretexto de que me mande un indio que vaya al pueblo de chasque; y que en viniéndome vacas le daré una y otras cosas á este tenor, solo con el fin de que el dicho Benites se informe de todo lo dicho, y me traiga si puede á la lenguaraza Teresa para informarme: porque de quedarme de invernada por falta de auxilios, debo volver al potrero adonde estaban los toldos del Viejo, y nos han dicho los tiene ahora Guisél, así por la bella proporcion que tiene de fortificarse y guardar los ganados, como por hacer caminar rio arriba al cacique Guisél, y tener libre el acopio y transporte de víveres y todo auxilio, como las órdenes del Super-Intendente y las noticias que segun lo que acaesca debo irle remitiendo; y si estuviese allí Guisél y los pudiese tener á tiro, esperar en aquel sitio la resolucion del Super-Intendente. Mandé á dos peones que lo acompañasen hasta cerca de dos toldos, y sin que los viesen los indios se volviesen: y asimismo lleva la órden Benites, que si me puede traer el chasquero del Colorado me lo traiga, que es uno de los que pasaron. Esto tenia yo premeditado desde anoche, que encargué al capataz viese algun peon para hacer esta diligencia, y yo seguí rio arriba á fuerza de espia al salir el sol, habiéndose ido el marinero á esta hora. A las 9½ llegó un indio de los toldos de Francisco, el que habia salido de ellos, segun dijo, y le pude comprender despues de haber llegado el marinero: que el cacique Guisél estaba allá y que habia muchos toldos, y esto casi por señas. Despues se explicó diciendo, que el cacique Guisél le habian muerto los Aucas. En este punto estaba en el extremo del codillo que hace aquí una península, que desde ayer estoy navegando por ella, cuya grande rinconada es de tierras muy inferiores. A las 3½ de la tarde todavia no habia venido el marinero que fué á los toldos; y me dijo un peon que habia visto venir un indio, y que luego que nos avistó retrocedió á la furia. Esto, con no haber llegado el marinero, me puso en cuidado, y aunque procuro adelantar camino con el mayor trabajo, se dejó venir un viento tan fuerte y contrario, acompañado de la veloz corriente, juntamente sauceria por las orillas, que apenas basta toda la gente para poder llevar muy despacio las embarcaciones á la espia; de suerte que se pasan bastantes horas para adelantar una cuadra en algunos parages. A las 5½ llegó el marinero de los toldos: dijo eran 21, y contó en ellos 53 indios, sin la muchachonada, ó mozuelos. Dice que están en buen parage, que tienen de 500 á 600 caballos, y entre ellos muchos reyunos; que le han dicho que Guisél está en el Colorado: que de este rio no han venido mas que dos indios: que el cacique Toro ha llevado mucho ganado á vender al establecimiento: que hay otro cacique en los toldos, á excepcion de Francisco, á quien no conoce: que Francisco va á caminar rio arriba: que habló con un desertor nuestro, llamado Mariano, á quien exortó para que se viniese, y que no pudo conseguirlo. Que otro desertor llamado Francisco, caminó rio arriba con algunos indios, que se fueron ayer. A este marinero le regalé una camisa por la diligencia.