DIA 29.
Salí á pié por no tener caballos, sobre unos cerros al ser de dia á descubrir el campo. A las 6 de la mañana seguí mi viage á la sirga, con viento NO fuerte. A las 10½ arrimé á tierra, por ser el viento y la corriente tan fuertes, que con toda la gente no fué posible sacar avante las embarcaciones una á una, y si tuviera caballos todos los dias desde que salí de donde estaba el indio Francisco, hubiera caminado á lo menos 6 leguas en línea recta, pero el Super-Intendente juzgó inutil este auxilio que tanto interesaba al servicio del Rey[6]. Al tiempo de arrimar á tierra, se vió un ginete como á menos de un cuarto de legua de nosotros, el que se volvió despues de estar un rato parado mirando. A las 2½ de la tarde se levantó una turbonada por el ONO de viento recio, agua y truenos. A las 3½ atravesé á la parte del S á acamparme, y toldé las embarcaciones. A las 5 pasó la turbonada, y se quedaron los horizontes achuvascados. Hoy á medio dia observé el sol en 38° 52 de latitud S, y hasta el parage de la observacion he navegado este dia una milla de distancia.
DIA 30.
A las 5 de la mañana salí al remo á atravesar á la costa del N, y seguí á la sirga: á una milla andada hallé rastro de haber pasado los indios de la parte del N á la del S, golpe de ganado vacuno y caballar, el que segun los rastros y camino hecho venia del NO de hácia el Colorado, y este paso es bueno; pues aquí se angosta bastante el rio, y tiene buena entrada y salida en el rio. A mediodia que venia yo registrando por tierra, y hallé muchos rastros de caballos, que así los del paso como estos, manifiesta como un mes de haber pasado: hallé otro rastro de un ginete que esta mañana seguia el rio por su orilla aguas arriba, el que sin duda seria el que se vió ayer. A las 8 de la noche arrime á tierra y me acampé, habiendo navegado este dia al O ¼ NO 4 millas de distancia.
DIA 31.
A las 4¾ de la mañana me largué, siguiendo mi viage al remo y sirga con calma por la parte del N. A las 10 pasé á la parte del S, por no serme posible romper la corriente por aquel lado. A las 11 descubrí una polvareda grande inmediata á la barranca del N, que se conocia ser golpe de ganado: seguí rio arriba, y á las 12 avisté caballada y ginetes. Poco despues se arrimó uno á la orilla del rio y mandé á un marinero y al mendocino José Oyola, á que le gritasen ó hiciesen señas para que nos esperasen. A las 2 de la tarde pasé á la parte del N, y vinieron dos indios, y el uno de ellos se dejaba algo entender: los agasajasé todo lo posible, y les compré una vaca por un freno; despues se fueron y vinieron con el cacique y otros dos indios mas, y á todos les hice cuanto agasajo pude: les dí de beber aguardiente y mate, y les regalé algunas bujerias y tabaco, y tuve la paciencia de estarme toda la tarde en conversacion con ellos, aunque al principio estaban desconfiados; pero luego entraron en confianza de tal modo, que se dejaron estar hasta de noche. La gente de mar me pidió licencia para hacer trato con ellos: se la concedí, y les compraron en las dos chalupas San Juan y San Francisco dos terneras de dos años por dos cuchillos, y los del Champan una buena vaca por un frasco de aguardiente un gorro y un cuchillo. Quise permitir esto á las tripulaciones, porque como el método que llevo con los víveres es lo mas arreglado que puedo, precaviendo el que no llegue el caso de que me falten, les permití este desahogo para que las coman con libertad. Agasajé mucho á estos indios por muchos motivos, los cuales no es menester referir porque están sabidos, pero ademas de estos el principal ha sido por llevarlos algunos dias inmediatos á las embarcaciones, por ser dichos indios del Guechuhueben, ó Parage de las Manzanas, para donde siguen viage, por ver si puedo conseguir con ellos el que me presten caballos para la sirga, pues la gente no puede arrastrar las embarcaciones, y se me van enfermando muchos, y son los mozos de mas robustez y trabajo: lo que me aflije bastante por la falta de los caballos, pues se me puso la gente mucho mas flaca y débil en 11 dias que há que salí de la fortaleza de Villarino en el Choelechel, que en 38 que tardé desde el establecimiento á dicho parage. Esto me tiene entre la espada y la pared, porque parando para dar algunos dias de descanso á las tripulaciones, es consumir víveres y no adelantar: caminar con el trabajo con que se camina, es acabar la gente; de modo que es indecible la falta que me hacen los caballos. Navegué este dia al O corregido 2 millas de distancia.
Las noticias que pude adquirir de estos indios, son las siguientes:—Que el Choelechel está de este sitio 4 dias de camino, con toldos, chinas y niños, siguiendo la orilla del rio aguas abajo: que desde dicho sitio, donde hoy me hallo, hasta el Huechun-huechun y entrada en el Rio Tucamel, y una laguna muy grande tardan 12 dias, caminando despacio con los referidos estorbos: que desde allí á tierra de cristianos tardan 10, al mismo caminar; de cuya tierra, dicen, se surten de frenos, cuchillos, lanzas y bujerias. Esta cuenta de los dias que se tardan de unos á otros parages, la hacia este indio quebrando pedacitos de paja; y preguntado si por el Huechun-huechun habia muchos indios, tomó un puñado de arena para significar su multitud. No pude informarme mas por no entender el idioma.
DIA 1.º DE ENERO DE 1783.
Esta mañana vinieron los indios á las 8, y despues de haberlos convidado, mandó el cacique por uno de sus indios á llamar otros que estaban mas abajo de nosotros, y vinieron 4; entre ellos un viejo con un muchacho como de 16 años de edad, que hablaba mejor el castellano que cuantos indios hasta ahora he visto desde que estoy empleado en la Costa Patagónica. Estos indios son moradores de Huechun-lauquen, ó Laguna de Límite, nombrada por Falkner en su diario, y los primeros son de la Tierra de las Manzanas.
Dicen los de Huechum que su tierra dista cuatro jornadas de Valdivia; que aunque la distancia es corta, el camino es malo; que se pasa la Cordillera por el Portillo: que la tierra del cacique Cangapol nos queda dos dias de jornada aguas abajo; lo que me hace cierto el juicio que hice de la isla y cercado de los Tehuelhets que cita Falkner, ser el mismo que pasé dias pasados: que el Rio Chico del N que cita dicho diario, dista de donde estamos cuatro jornadas, y que viene de la Cordillera: que este algunas veces se vadea á caballo y otras á nado; pero que el rio mas grande es el que viene de Huechun-lauquen: que cuanto mas arriba este rio tiene mas corriente, y esto es lo mismo que voy experimentando. Dicen que ellos vienen de la Sierra del Volcan; que há cerca de un año que bajaron á buscar ganado caballar y vacuno, y que con este hacen trato con los de Valdivia, unas veces llevándolo los indios á dicho pueblo, y otras viniendo los cristianos á comprárselo á sus tierras, el cual cambian por sombreros, cuentas, frenos, espuelas y añil para teñir los ponchos: (véase aquí ya abierto el camino y comunicacion por la orilla del rio con Valdivia, y entablado una especie de trato por los indios, robando el ganado á Buenos Aires, y vendiéndolo en aquel presidio.) Que Chile está de Huechun-lauquen mucho mas lejos que Valdivia: que estos indios viven en toldos, y que siembran trigo, cebada, y habas: que los que tienen ranchos de paja bastantes capaces, viven mas arriba por la falda de la Cordillera, los cuales ademas de las semillas referidas, siembran lentejas, porotos, garbanzos, y todo género de vituallas. Uno de sus caciquea se llama Roman.