Estos indios jamás han estado en nuestro establecimiento del Rio Negro: si bien dicen tienen noticia de habernos establecido, pero que ellos para caminar á sus tierras, atraviesan el campo desde el Colorado á este rio por el Chuelechel, 70 leguas al poniente de nuestro establecimiento. Que en su tierra hay muchísimos pinos, y que los piñones son casi tan grandes como dátiles, y muy gustosos; de cuyo fruto hacen los indios prevencion: que por aquel pais no hay sal, y por esto la llevan de las salinas del Colorado en cargas, y con efecto las he visto en sacos de cuero (y así lo dice Falkner.) Que por la parte del N de este rio no hay establecimiento alguno de indios hasta las Manzanas, y los que hay son solo los que van de pasage que por la del S están los Hulliches, los cuales los suelen aguardar cuando pasan los de Huechun con sus ganados, y los asaltan, roban y matan, y por esto suelen pasar bastante temerosos: y así no cesaban de preguntarme si por la parte del S habia indios; me dieron noticia del Rio Lime-leubú, y de sus moradores los Limeches. Los nombres de los parages, que jamás pudieron entender otros indios leyendo á Falkner, estos los nombran del mismo modo que su diario, y convienen con él en las noticias, diferenciándose solo en la distancia de Huechun á Valdivia, que dicho diario pone dos jornadas, y estos indios dicen que cuatro.
El Rio Chico del N que entra en el Negro, dicen viene de la Cordillera; pero que no saben si pasa inmediato á Mendoza, porque de allí no son baqueanos: pero que su cacique habia andado mucho á la orilla de dicho rio, y que podía dar razon; y para traerlo fué con ellos el peón José Oyola, mendocino.
Este muchacho dice que en su tierra no hay indios ladinos, y que el motivo de haber él aprendido el castellano, fué porque un perulero llamado Prieto, que por el trato de ganado habia tenido recíproca amistad con su padre, lo llevó á Valdivia para enseñarlo, y que despues de un año, habiendo empobrecido dicho Prieto, se fué á Chile llamado de un tal D. Antonio Roldan, amigo suyo, y el muchacho corrió la misma fortuna, y dice que habrá poco mas de año que volvió á su tierra. Nombra el vino de Penco, y dá noticia individual de todo, hasta de las perdices que se venden por medio en Chile, y otras menudencias á este tenor.
Un marinero de la expedicion, llamado Bartolomé de Peña, que estuvo mucho tiempo en Valdivia, Penco, &c., y pasó la Cordillera por el Portillo cuando el levantamiento grande de los indios, que vió los pinos y comió los piñones, al cual hice carear con el muchacho, á quien preguntó por muchos parajes, respondió, segun dice el marinero, con tanta puntualidad, dando señas de todas las cosas con tanta certeza, que no dejó nada que dudar. Le dije á este muchacho que se conchabase conmigo para ir con las embarcaciones hasta Huechun, y que de allí pasaríamos á caballo á Valdivia, para lo cual habló á su padre: y este dijo que no podia, porque llevaba mucho ganado que arrear, y que no tenia quien le ayudase; que lo que podia hacer pagándole era acompañarme con su hijo hasta Valdivia, luego que llegásemos á Huechun-lauquen. Pero el muchacho me dijo mandase á hablar al cacique porque tenia ganas de acompañarnos; y para esta navegacion, y traer el cacique, se ofreció José Oyola, que como llevo dicho se fué con ellos esta tarde en un caballo que compré á los primeros indios, y fueron obsequiados todo lo posible.
Tambien convienen estos indios con la sospecha de Falkner, de que la laguna de Huechun-lauquen envie un brazo al rio de Valdivia; pues dicen que no es así, pero que Huechun está muy cerca de dicho rio, el cual es muy caudaloso, y solo dista el rio de la laguna una jornada.
Dicen que todos, ó casi todos los indios que habitan ó residen en las sierras del Volcan y Pampas de Buenos Aires, son de este rio arriba, y que el motivo de pasar tantos tiempos en aquellos parages, es por la abundancia que hay de ganados, y por la facilidad de mantenimiento; y que algunos paran dos años, otros mas y menos, segun les acomoda.
DIA 2.
A las 8 de la mañana llegó José Oyola con el cacique Guchumpilqui, y otros cinco caciques mas que el primero habia mandado á buscar, los cuales tenian sus haciendas mas abajo: y dijo Oyola que Guchumpilqui solo tenia mas de 100 indios, que tenia mucho ganado caballar y vacuno. Los regalé y obsequié todo lo posible, estando entre ellos el cacique Roman, uno de los que tienen ranchos de paja: fueron concurriendo indios de tal suerte que se juntaron sobre 80 ó 100 indios y 6 chinas. Es imposible decir la paciencia que fué precisa tener con ellos: pero no pude recabar que me diesen al muchacho lenguaraz; tampoco pude saber de donde viene, ó si pasa por Mendoza el Rio Pequeño del NO, Pichileubú, que cita Falkner en su diario, porque dicen no son vaqueanos de este rio: aunque yo tengo grandes sospechas de que sea el Tunuyan, por estar informado de que no entra (como quiere Falkner) en las lagunas de Guanacache, en cuyo caso precisamente estaria muy cerca de Mendoza. Estos indios dicen, que el año próximo pasado hicieron ajuste con los españoles de Valdivia de llevarles ganado, y que por eso bajaron de sus tierras (que están muy inmediatas á Valdivia) á los campos de Buenos Aires, y que se retiran ahora, y que inmediatamente que lleguen vendrán los de Valdivia á comprárselo, como tienen tratado; y que muchos de ellos irán á Valdivia, sin parar en parte alguna, para hacer dicha venta. Asimismo dicen, que luego que lleguen las embarcaciones á Huechun-lauquen, que me conducirán á dicha ciudad. El cacique Guchumpilqui me regaló una res, que se le pagó bastante, y hasta bien de noche estuvieron importunando por aguardiente. El muchacho lenguaraz me dijo, que en Chile habia tenido la noticia de que nosotros teniamos establecimiento en el Rio Negro, y muchos indios que frecuentan á Valdivia, he visto y conocido en el establecimiento: por esto y por otras razones, creo que todos los habitantes de este continente, así españoles como indios, tienen noticia de nuestra poblacion en el Rio Negro.
DIA 3.
Salí de mañana, y huyendo la importunidad de los indios, pasé á la banda del S, y asimismo pasé dos caballos que compré para dar algun alivio á la gente que llevo mas enfermos: pero aquí nadie está exento del trabajo. A mediodia llegó una gran tropa de ellos: todas sus relaciones, que son muy largas, llenas de ofrecimientos, encareciendo su amistad y su poder, se dirijen á que les den; pues todas vienen á parar en pedir, y en no dándoles se enojan. A las 8 de la noche me acampé, y me siguieron los indios, importunando por aguardiente. Un cacique ponderó mucho su poder, diciéndome que estas eran sus tierras, las cuales se extendian hasta mucho mas abajo del Chuelechel á fin de que le diese 4 frascos de aguardiente para convidar á sus soldados, que este nombre daba á sus indios: como dando á entender que queria le pagase algun derecho por el pasage. A lo que le respondí, que me alegraba mucho de conocerle, y de saber que estas eran sus tierras, y que fuese en ellas tan poderoso: porque así como nosotros cuando bajaban los indios á nuestros pueblos los regalabamos, y dabamos de comer y beber, así esperaba yo lo mismo de la amistad que tanto me encarece. Se rió bastante, y dió á entender la respuesta á todos los indios que pasarian de 60, y al fin me dijo, que cuando no tuviese que comer se lo avisase, que me daria una vaca, la que nunca vino.