Los caciques son los siguientes: Guchumpilqui, Llancoapi: estos dos son los que tienen sus tierras en la laguna de Huechun-lauquen.

El cacique Roman se embarcó hoy para seguir viage en las chalupas, y dice está algo enfermo: asimismo se embarcó Jose Roldan lenguaraz. Este muchacho parece bastante afecto á nosotros, pues lo he visto enojarse bastante con los indios por tus pesadeces: no sé en adelante lo que dará de sí.

Curuanca estuvo algunas veces en el establecimiento del Rio Negro, los otros dos no sé sus nombres. En este sitio se angostan bastante las barrancas, que de una á otra no hay media legua pero no son tan altas como las de abajo, y con propiedad se le puede llamar angostura. Navegué este dia al OSO 5° O 4½ millas de distancia.

DIA 4.

Salí al amanecer, haciendo diligencia de librarme de los indios, que por mas que se les regale, nunca estan contentos: pero á las 11 del dia ya estaban con nosotros mas de 80.

A la media legua de mi salida esta mañana, se hallan unos cerros áridos de arena blanquisca, piedra y alguna maleza, y aquí sigue el camino, ó se aparta del rio y toma tierra adentro: pero me dice el lenguaraz que no es mas de una jornada. Compré dos caballos por habérseme cansado ya uno de los que antecedentemente compré; y porque es como imposible poder continuar sin ellos. Al mediodia se fué con los indios el peon José Oyola, porque el padre del lenguaraz lo pidió para que le ayudase á arrear su ganado, respecto á que su hijo venia con nosotros.

Navegué este dia al O ¼ SO 3 millas de distancia, habiéndome acampado despues de puesto el sol: siguen los cerros altos de una y otra banda.

DIA 5.

Salí al amanecer con viento N, y tuve que volver media legua rio abajo, por no hallar paso para las chalupas: seguí á vela y remo, y á las 3 de la tarde varó la chalupa San José. Costó mucho el sacarla, y puestos ya en la canal con viento fresco, fuerza de vela, y una espia, por la cual tiraban treinta hombres, no pudimos adelantar nada. El cabo de la espia era nuevo, y de cuatro pulgadas de grueso, y habiendo aflojado algo el viento, y no pudiendo los 30 hombres aguantar la chalupa, mandé darle á la espia vuelta de firme, y fué tal la corriente, que rompió el cabo. Fué preciso tender el calabrote, y juntar toda la gente: solo así pudimos sacar la chalupa, que á no ser el expresado calabrote se hubiera quedado en este sitio. Esta faena duró hasta las 8 de la noche, que llegué á acamparme con la gente bastante fatigada, y rendida del trabajo.

Navegué este dia al O ¼ SO, 5 millas de distancia, arrimado siempre á la barranca del N que es tierra infeliz, y no tierra, sino una especie de tosca compuesta de piedrecitas, arena, y polvo blanco, que se desmorona y se unde al pisarla. Críanse en ella arbolitos muy bajos, espinosos, ó maleza que para nada sirve, y esto poco: lo mismo es por la parte del S. La barranca del S se abre bastante, y deja un valle bien largo entre ella y la orilla del rio. Luego reconocí ser un rincon, volviéndose á angostar las barrancas áridas, y de un infernal aspecto.