DIA 11.

Salí al salir el sol, y á la media legua andada al OSO, hallé los indios, y arrimé á tierra. Venia con ellos el peon José Oyola, y los caciques Guchumpilqui y Curuanca. Este, habiendo hallado ayer al marinero que tenia, con los caballos en tierra, sin que pudiesen llegar en donde estaban las embarcaciones, le preguntó si habia comido: y habiéndole respondido el marinero que nó, lo llevó á los toldos, hizo matar un novillo y le dió de comer. A este le regalé bien por esta fineza, y porque les sirva de egemplo en lo sucesivo; pues puede darse muchas veces igual caso de encontrar á los nuestros sin abrigo alguno.

El cacique Cayupilqui, que parece el de mayor sequito entre ellos, vino á bordo; y despues de diversas preguntas que me hizo acerca del designio que llevaba, á las que satisfice diciendo, que mi viage era á Valdivia, porque tenia con aquel Gobernador recíproca amistad, y algunas cuentas que ajustar en aquella tierra, pero que tardaria muy poco en volverme; me dijo que me acompañaria desde su tierra á Valdivia, y me franquearia caballos para el viage: y cuando yo bajase rio abajo concluido mi viage, que se vendria él conmigo, y sus indios por tierra, á fin de conocer el establecimiento del Rio Negro, de allí pasar á las Pampa de Buenos Aires á tomar ganado vacuno y caballar para su provision y mantenimiento, y vender en Valdivia: cuyo trato dejó entablado cuando vino á esta misma diligencia. Que él no hacia daño, pues el ganado que llevaba lo tomaba del bagual que andaba en el campo: que cuando venian de sus tierras, venian con muy pocos caballos, pero que traian ponchos y otras cosas, con las cuales hacian trato con los indios del Volcan, por caballos para correr en la Pampa.

De este sitio se aparta el rio, y se arrima á los cerros del S, que son blancos muy altos, y cortados hácia el rio. Se desembarcó el cacique Roman.

DIA 12.

Vinieron de mañana los caciques, y Guchumpilqui me dijo, que en el término de 3 ó 4 dias tenia determinado mandar aviso á su tierra de como iba llegando, y que le trajesen algunos caballos gordos, por llevar toda la caballada flaca de la larga distancia que habia caminado. Le pregunté qué tiempo tardarian en llegar á Huechun-lauquen los chasques, y dijo que seis dias, y de allí á Valdivia que habia tres dias de camino, y que ahora era el tiempo en que los Valdivianos solian todos los años venir á su tierra á comprar ponchos. En esta inteligencia determiné escribirle al Sr. Gobernador de aquella plaza, así para que el Exmo. Sr. Virey de Buenos Aires tenga esta noticia, como para saber yo si de aquella plaza podré ser socorrido con víveres, para si así fuese poder hacer un completo reconocimiento, y sino para tomar mis medidas y contar solo con los víveres que tengo:[7] pues puede ser que, entregando los indios que van de chasque á los de Valdivia las cartas, lleguen á manos de dicho Sr. Gobernador, y pueda por el mismo conducto tener yo la respuesta. Me regaló una vaca este cacique, y otra el cacique Curuanca.

Me han dicho que mas arriba del Rio Chico del N que entra en este, se aparta el Rio Grande mucho para el S, haciendo una gran vuelta; por cuyo motivo no seguian ellos su orilla y caminaban tierra adentro: pero por buen campo, de mucho pasto y muy regado de diversisimos arroyuelos que bajan de las montañas, entre las cuales dicen haber amenísimos valles. Me quedé admirado al haber oido hablar á estos indios de nuestras guerras con los Ingleses, pues me preguntaron si aun duraban. Y preguntándoles yo, por donde habian sabido de esta guerra, respondieron que en Valdivia lo habian sabido, y que por este motivo valian en aquella plaza todas las cosas caras, pues no podian pasar las embarcaciones de España para las Indias.

A las 12 del dia se fueron, y me digeron que poco mas arriba nos veriamos, que ellos no se mudaban hasta mañana.

Estos indios llegarán al número de 300, entre los cuales no van mas que 6 chinas, y hay entre ellos bastantes que sirven solo para arrear y cazar. Sus ganados ascenderán al número de 8,000 cabezas, entre caballos, yeguas y vacas, y de aquí se puede inferir le que destruyen los indios á Buenos Aires, pues todo el ganado es marcado, y señalado de los vecinos de esta ciudad.

Al instante que se fueron los indios, eché de menos al marinero José Navarro, y me han dicho que habia montado á caballo. Mandé á recoger los caballos nuestros, y faltaba uno, y salió á buscarlo José Mariano, marinero. A la hora de comer no vinieron estos marineros, pero me hice cargo andarian buscando el caballo que faltaba, aunque ya con bastante desconfianza de si me los habian llevado los indios; pues en ellos es la mayor proeza, la mayor maldad, y sin embargo de haberlos regalado y acariciado todo lo posible, conociendo su infame trato, me llenó de desconfianza la breve falta de estos dos marineros: y mas, habiéndose desembarcado el cacique Roman, y el muchacho lenguaraz. Por presto que subí á una lomita á ver si los veia, ya divisé una nube de polvo, distante como legua y media de donde tenian los toldos, sin haber animal alguno adonde estaban acampados. Esto me llenó de tristeza, por conocer la falta que me hacen estos dos individuos si los hubiesen llevado: pero no estaba del todo desesperado de que volviesen, por lo bien que habia tratado á estos indios. Esta polvadera se alejaba con suma presteza, y se perdió de vista á las 5 de la tarde; y á esta hora pasó un marinero por casualidad por debajo de unos sauces, y halló 8 pares de bolas, de las que los indios suelen traer perdidas, y vestigios de haber estado mucha gente allí la noche antecedente, y esto distaria 100 varas de nosotros, y sus toldos ó campamento, distaba tres cuartos de legua.