Al amanecer hice la descarga de las embarcaciones, y se empezó la faena de pasarlas: se condujo toda la carga, palos, vergas y demas utensilios por tierra bastante trecho, hasta donde podian estar en flote las chalupas: duró esta maniobra hasta mediodia que las tuve en disposicion de seguir viage: pero es fuerte cosa que á las 2 de la tarde me viese precisado á volver á descargar para pasar las chalupas por palmo y medio de agua, tal es la navegacion que sigo. Al anochecer tenia ya cargadas las embarcaciones, y seguí hasta hallar parage proporcionado para acamparme, que lo egecuté á las 8. En estos pasos y descarga, es adonde mas se rinde la gente, porque ya cansados de ir arrastrando por unas corrientes tan violentas las embarcaciones, llegan á estos parages, en los cuales ademas de tener que conducir los utensilios por tierra, se necesita hacer el mayor esfuerzo, porque todos los pasos de poca agua están á donde esta precipitadamente se despeña. Navegué este dia al N corregido 1½ millas de distancia, y salió apócrifa la noticia que dió ayer Francisco Mallo.

DIA 7.

Salí al amanecer, y á la media hora de navegacion fué preciso profundar el rio para pasar. A mediodia llegó una cuadrilla de indios y chinas por la parte del S, y no obstante estar nosotros de la del N, gritaron por Basilio, diciendo Basilio Chulilaquin. Mandé el bote para que trajese hasta cuatro que fueron los que se embarcaron: dos de estos son hijos de este cacique, y yo, deseando de informarme, los regalé con tabaco, aguardiente y algunas bujerias, y despaché á uno de estos para que avisase á su padre de como yo me hallaba en este sitio, y que viniese á verse conmigo, y trajese consigo la lenguaraza María Lopez, á quien le mandé un poco de tabaco, como tambien á Chulilaquin. El fin que yo llevaba, era el de poder por medio de la lenguaraza informarme de estos terrenos, la distancia á Huechum, ó Valdivia, las maderas, frutos y ganados: pasé el paso y seguí mi viage hasta la noche, en cuyo intermedio pasé otros dos pasos. A esta hora llegó Chulilaquin con una porcion de indios: mandé el bote en su busca, y lo condujo con otros tres, que era la órden que llevaba. Uno de estos era el famoso ladron Jacinto que venia por lenguaraz: me disgustó la venida de este cacique por no haber traido la lenguaraza, pues Jacinto ni me entiende ni lo entiendo; pues no sabe hablar otra cosa que pedir aguardiente, yerba, tabaco y bizcocho. Molieron muchísimo, y al fin pude despacharlos ya tarde con un poco de yerba, aguardiente y tabaco.

Chulilaquin y Jacinto trajeron cada uno una bolsita con docena y media de manzanas en cada una: las de la una bolsa chiquitas y agrias, las de la otra eran grandes y de buen gusto. Pesé dos de ellas, y pesaban cerca de 17 onzas, pero todas magulladas de traerlas á caballo, de modo que no se puede guardar ninguna.

Los primeros indios trajeron cuatro bolsas para vender, llenas de esta fruta: yo le compré una por una limeta de aguardiente, á fin de apartar algunas para llevar al establecimiento; pero lo dudo por estar muy maltratadas. Un indio me vendió una bolsa llena por cuatro galletas: yo le daba tres, pero yo deseaba las manzanas, y el pan me hace mucha falta.

Suelen estos indios regalar una manzana por mucha fineza, pero veo que hay abundancia.

Preguntándole á los primeros indios por el parage llamado Huechu-huchuen, me dijeron que este mismo sitio tenia este nombre.

Esta tarde se hallaron dos árboles, ó manzanos chicos á la parte del N, pero sin fruto.

Como es tan fácil engañarse con las noticias de los indios, motivado de no entenderlos, ni ellos bien entenderme, no escribo aquí las noticias que me han dado hasta que pueda hallar lenguaráz, para por este medio escribirlas con mas verosimilitud ó certeza.

Navegué este dia al N corregido una milla de distancia, y se toldaron las embarcaciones por algunas gotas de agua que caen.