Toda la noche se mantuvo lloviendo y tronando, y prosiguió la lluvia basto las 10 de la mañana, de modo que no fueron bastantes los toldos á que entrase considerable porcion de agua en las embarcaciones, que fué preciso estarla continuamente achicando: se mojaron los petates y toda la ropa de los marineros, y luego que aclaró, se pusieron á sacar estos y otros útiles.

A las 5 de la tarde vino un indio con cuatro chinas, de las cuales la una era la Cacica Vieja, y la otra la lenguaraza Teresa. Trajeron dos bolsas de manzanas que repartieron á los marineros: les pregunté á qué venian, y dijeron que á ver, y que las mandaba el cacique Francisco. Les pregunté ¿porqué se habían venido del Choelechel, habiendo quedado conmigo en que me esperarian en aquel sitio, para desde allí mandar chasque al pueblo, y en trayendo la respuesta seguir juntos rio arriba?—Dijo que el marinero Miguel Benites les habia dicho que yo llevaba la determinacion de avanzarlos, y que esto lo habia dejado de hacer antes con Francisco, y algunos indios, porque los queria prender á todos con los toldos, caballos y todo lo que tuviesen, y que por esto habian huido precipitadamente de miedo, y que asimismo habian venido dos indios del Colorado, á decirles de parte del cacique Negro á Francisco que no se fiase de nosotros, pues traiamos intentado prenderle y matarle. Procuré como pude hacerle conocer lo contrario, y le dije, que respecto á que Miguel Benites estaba en poder de Francisco, que me lo trajese y viniese con él, y que veria como confesaba la mentira, con que los habia engañado, solo con el fin de casarse con la hija de Francisco, de quien se hallaba apasionado: y á esto se rien así estos como los Chulilaquin y dicen que como le habian de dar á un esclavo la hija de un cacique!

Los agasajé bastante y se quedaron á dormir, por tener los toldos (segun dicen) á la parte del N del rio, juntos con los del cacique Niquiliña, de donde salieron esta mañana temprano.

Le hice otras preguntas tocantes al reconocimiento, cuyas respuestas dejo de escribir, las unas por poco verosímiles, y las otras porque ya las tengo apuntadas por informes antecedentes. Esta mañana apareció la Cordillera toda blanca de la nieve que cayó de noche.

Anocheció con el viento al NE flojo, y los horizontes achuvascados. A las once, empezó á llover.

DIA 11.

Amaneció lloviendo: á las 10 de la mañana cesó un poco el agua, y seguí rio arriba. A las 500 varas de distancia descargué parte de la carga de las embarcaciones, para pasar un salto de poca agua; y aquí ayudó un indio de los de Francisco con su caballo, que contribuyó bastante á pasar.

A las cuatro de la tarde hallé dos despeñaderos de corrientes seguidos, y de muy poca agua, y visto que no me llegaba el resto de la tarde para pasarlos, arrimé á tierra á la banda del N, para pasar la noche. A esta hora llegó la china Teresa, la Cacica Vieja, y otra con Benites se habia huido anoche con otro desertor de los acerradores, llamado Francisco, que habian robado dos caballos y el sable del cacique, y este indio con otros dos iban siguiendo el rastro en busca suya. Al anochecer llegó el indio, y dijo, que el rastro habia llegado cerca de nosotros, y que luego se habia vuelto para atras.

El dicho Benites perdió las pistolas, porque habiéndole hallado una cuadrilla de Tehuelches lo corrieron, le dieron dos puñaladas en una espalda, se le disparó una pistola, y la bala le pasó un muslo, y por escaparse de la muerte se tiró al rio, y en él se le quedaron las pistolas.

La navegacion de este dia fué de cuarto de legua al NO corregido. Anocheció con el viento al SSE flojo, y los horizontes achuvascados. A las diez de la noche empezó á garuar.