En cuanto se estuvo componiendo la chalupa, hice traer cerca, ó mas de 200 manzanos chicos, que puse con tierra en un cajon para llevar al establecimiento, y en este intermedio pasó la indiada de Chulilaquin, rio abajo: tal es el miedo que tiene á los Aucaces, y la prisa que se dió en levantar los toldos; pero es cierto que si nosotros estuvieramos junto de sus toldos, él no pensaria en moverse de allí. Mandó un esclavo á decir que paraba un poco mas abajo: él no llegó, por haber una barranca muy alta y una laguna de por medio. Anocheció claro y en calma.

DIA 5.

Luego que aclaró el dia me puse en camino, navegando aguas abajo el rio. Vararon tres veces esta mañana las chalupas; en sacarlas se tardó dos horas: no obstante llegué al rio de la Encarnacion, ó á la isla que tiene en su desague, á donde dejé las maderas cuando fuí para arriba, á las 2 de la tarde, habiendo hecho en las dos mañanas de ayer y hoy, el camino que hice cuando fuí para arriba en 21 dias, tal es la violencia que trae la corriente de este rio; y esto sin velas, con viento, aunque poco, por la proa, ni otros remos que los necesarios para el gobierno.

A las 8 de la mañana hallé la tolderia de Chulilaquin, pero pasé sin arrimar á tierra ni hablar, mas que la griteria de los indios y marineros, que se despedian con algazára.

Luego que llegué á la isla, y habiendo en ella hecho la gente mediodia, hice escoger y cortar un pedacito de madera de todas las calidades que allí habia dejado para conducir al establecimiento del Rio Negro, escribiendo en cada uno su diámetro.

Las cordilleras están tan cubiertas de la nieve que cayó en ellas en los dias que estuve en el Huechum-huechuen, que ya no se vén aquellos promontorios de piedras que se veian cuando fuí para arriba, sino una superficie en cada cerro, blanca y lisa, habiendo tapado ó llenado la nieve sus grandes y profundas concavidades.

DIA 6.

Salí de la isla al salir el sol. Toda la mañana ha estado nevando sobre las sierras inmediatas al rio, sin caer ninguna en el valle. Toda la tarde cayó en el valle, aunque no en mucha cantidad, pero derretida. Navegué este dia, nueve, de los que fuí para arriba, y sin varar, solo sí tocó un poco sobre una piedra la chalupa San Juan, por lo cual no fué preciso que este dia se echase la gente al agua, único, en siete meses y nueve dias que aquí salí del establecimiento del Rio Negro, para este reconocimiento.

A la noche se le sacaron á la chalupa San Juan, 40 baldes de agua; y á no estar el rio tan crecido, desde luego á esta hora estarian las chalupas hechos pedazos.

Despues que se incorporaron con el rio principal el de la Encarnacion, y el que Falkner llama Desaguadero, hallé el rio tres palmos mas crecido que cuando fuí para arriba. Todas las cañadas y zanjas que entonces estaban secas, traen porcion de agua, de modo que no se vé otra cosa que hermosos arroyuelos que de todas estas sierras bajan al rio precipitadamente: con lo poco que ha llovido, se abrieron infinitos manantiales, que antes no se conocian por otra cosa que por algun verdor que se hallaba entre las ásperas y áridas serranias.