Desde esta mañana hasta la noche creció el rio cerca de media vara, cuya creciente me es indispensable aprovechar para mi regreso, pues á no hacerlo así, me será casi imposible poder estorbar que las chalupas se hagan pedazos entre las piedras, de los muchos despeñaderos que se hallan en este rio, por su violentísima corriente.

Hoy quedó Chulilaquin en que mañana seguiria su marcha.

Anocheció nublado, y el dicho viento; se llevó la misma formalidad de darle el santo á Chulilaquin, como en las noches antecedentes, quedando él en observar como siempre las órdenes que le he dado: recogí toda la gente, y largué las embarcaciones afuera.

A las 10 de la noche estaba la creciente en su mayor incremento, que llegó á cerca de tres pies.

DIA 3.

Amaneció el viento al O fuerte, y esta noche bajó el rio un palmo: continuó bajando todo el dia. A las 8 de la mañana le dije á Chulilaquin como no habia ya levantado su tolderia, y me dijo que la causa era el estar una sobrina suya de parto, y que á lo menos le era forzoso esperarse dos dias, para que pudiese montar á caballo. Averigué el caso, y era cierto. A mediodia le dije que ya no le esperaba mas, y que en el dia de mañana seguia mi viage. Me suplicó que no le desemparase, ya que le habia hecho tanto favor: que me debia la vida; que no le dejase en manos de sus enemigos, y diciéndole yo: qué miedo podia tener cuando estaba tanta gente junta; me dijo que su vida la tenian comprada los parientes de Guchumpilqui, porque habian regaládole, y pagádole fuertemente á todos los caciques inmediatos que habitan esta serrania, para que todos con sus indiadas viniesen incorporados para acabar con él y con sus indios, pero que solo el respeto de nosotros habia sido capaz de contener esta faccion; pero que estaba cierto y seguro de que los Aucaces lo seguirian hasta su tierra, por lo cual pensaba en variar camino y retirarse hasta nuestro establecimiento del Rio Negro. Me nombró los caciques de la faccion, que ascienden á 27, los cuales viven en estas inmediaciones, y son los siguientes:—Guchulap, Guchumpilqui, (hijo del muerto) Niquinilla, Pevnaquin, Cuijual, Pangacal, Chaquelaelna, Chopá, Nangohuel, Cachuachen, Marnaiel, Nengulaldá, Tamoahenta, Naquinavajen, Gulchunchen, Mencon, Cholon, Milaon, Milaoente, Ignacio, Lejep, Mechecaoxque, Quelasquen, Maniloal, Cusjilap, Milelenco, Milahuente; y dice Chulilaquin que las indiadas de estos caciques es tan numerosa, que excede á las arenas que tiene el rio en sus orillas[23].

No obstante todo esto, le dije que no podia detenerme, pues me faltaba el bizcocho, y que los soldados no sabian comer sin él. Se desconsoló mucho, y yo preparé mis cosas para salir el dia de mañana. Hoy mandé exprimir manzanas para completar un barril de carga de zumo, y quedó lleno: pero bien se puede hacer aquí bastante cantidad de cidra, y que sea suficiente, y aunque sobre de la que se pueda consumir en todo el vireinato de Buenos Aires.

DIA 4

Al amanecer se empezó la faena de acomodar todas las cosas de las chalupas para nuestro regreso. A las 8½ me despedí de Chulilaquin, que poco le faltó para llorar, y me puse en viage para el establecimiento; pues ya no me dan lugar los víveres á poder subsistir mas en este sitio: pero aun no habia perdido de vista los toldos, cuando ví que los indios á toda prisa recogian su caballadas. A las 10 hallé unos 3 ó 4 toldos, y pasé sin parar. A la 1 de la tarde descubrió agua la chalupa San Francisco, en tanta cantidad que se iba á pique. Arrimé á tierra y junté toda la gente á su descarga, y se reconoció que una piedra le habia abierto un agujero que cabia el puño por él. Este golpe lo recibió en la última varada, que, desde que salí hasta que arrimé á tierra, varamos tres veces; y en todas ellas fué preciso echar toda la gente al agua, y costó bastante trabajo el sacarlas.

Luego que se descargó, la hice varar, se le hechó este rumbo, y se volvió á echar al agua. Al anocher ya la tenia cargada y lista para navegar.