[8] El general Morillo.
—Pues ya se sabe: mañana no hay escuela.
—Me parece natural. ¿Es uno de palo? Desgraciados chicos si no se les da algún descanso.
Un nuevo personaje se presentó en el grupo. Vestía también de miliciano, y era pequeño y avejentado, aunque muy vivaracho y flexible. Distinguíase principalmente por el color encendido de su alegre rostro, por su pequeña nariz picuda y sus gafas de oro. Aspecto menos marcial jamás se ha visto; pero tampoco fisonomía más bonachona que la de don Benigno Cordero, honrado comerciante de la subida a Santa Cruz y tío felicísimo de nuestro don Primitivo.
—¿Qué hay, tío? —le preguntó este.
—Pasado mañana viene Su Majestad —repuso don Benigno frotándose las manos—. ¿A cuántos estamos?
—A 26.
—Pues dentro de cuatro días, el lunes, tendremos gran formación, señores. Conque prepararse.
—¡Gran formación!
—Sí. El día 30 es la ceremonia de cerrar la legislatura. ¿Hay alguno de la compañía a quien falte el uniforme?