—Nada —añadió el padre—, no caigo en quién podrá ser esa mujer.

—Pues yo tampoco alcanzo quién podrá ser.

Y media hora después, padre e hija se miraron de nuevo, y el uno preguntó:

—¿Quién será?

Y añadió la otra:

—¿Pero quién será?

XIV

Cuando Anatolio volvía la esquina de la calle de Preciados, vio dos hombres. El uno de ellos gritó con voz cascada:

—Ya salió uno. Este es el alcahuete que lleva los recados a Palacio.

Gordón se detuvo, dudando que se dirigieran a él. Pero otra voz joven cantó esta copla: