—Pues en Andalucía—dijo—, en Andalucía..., ya saben ustedes dónde está Andalucía; como si dijéramos en Cádiz..., pues. Dicen que la Junta de Sevilla ha armado un gran ejército con las tropas que estaban en San Roque. ¿Saben ustedes lo que es San Roque? Pues es como si dijéramos...; supongan ustedes que aquí está Gibraltar, pues aquí cerquita está San Roque.

—Este D. Santiago lo sabe todo.

—Ya, como quien ha visto tantas tierras y ha estado en tantas batallas.

—En San Roque están las mejores tropas de España, tanto en infantería como en artillería y caballos; de modo que si se forma ese ejército, y viene sobre Madrid ...¡Jesús!

—¡Jesús!—repitió un coro de diez voces.

—¿Usted cree que vendrá sobre Madrid?—preguntó uno de los concurrentes.

—Eso es lo que no puedo asegurar—repuso

con énfasis el Gran Capitán—. Pero a lo que yo entiendo, y según la experiencia que adquirí en aquellas terribles guerras, me atrevo a decir que el ejército de Andalucía viene sobre Madrid, y si hace lo mismo el de D. Gregorio de la Cuesta, juzguen ustedes el susto que pasarán los franceses. Hay que guardar el secreto: mucho cuidado, señores, y ustedes, niñas, guárdense muy bien de ir contando estas cosas cuando vayan a la costura, porque puede llegar a oídos del Gran Duque de Berg.... Yo creo que pasará lo siguiente: el ejército de Andalucía vendrá a la Mancha; los franceses irán a batirlos, dejando libre a Madrid, donde entrará D. Gregorio de la Cuesta, el cual, si sigue después hacia el Mediodía, les picará la retaguardia por Tarancón; y como al mismo tiempo los de allí le harán retroceder hacía el Tajo, viéndose los franceses atacados por un lado y otro, por fuerza tendrán que caer al río, donde se ahogarán.

—¡Cuánto sabe este hombre! Es un asombro que de esa manera pueda anunciar los movimientos del enemigo. Y no hay duda: así tiene que suceder.

—Y como la sublevación es general—añadió Fernández—, no podrán acudir a todos lados. Además, no pueden contar con un solo soldado español que les ayude, porque todos desertan; de modo que si Napoleón quiere continuar la guerra en España, ya puede mandar gente.