Lord Gray sonrió.

—Yo no he dicho eso—exclamó vacilando.

—Usted... usted mismo. Y yo prometí ayudarle en la empresa, a cambio de su auxilio para matar a mi aborrecido rival Currito Báez.

—Es verdad—dijo riendo—. Bien, amigo mío. Mataremos a Currito y robaremos a la muchacha. En caso de que necesite ayuda ¿puedo contar con usted?

—Sin duda. Sólo me falta saber para cuándo se dispone el gran golpe.

—¿Qué golpe?

—El del rapto.

Lord Gray meditó largo rato. Sin duda vacilaba en fiarse de mí.

—Para el rapto no necesito de nadie—dijo al fin—. Necesitaré sí para huir de Cádiz, lo cual no es cosa fácil.

—Yo sacaré a usted del apuro. Sepamos cuándo...