—Bartolo, ¿escribes hoy algo contra Lardizábal?
Lardizábal, individuo de la Regencia que había dejado de funcionar el año anterior, publicó en aquellos días un tremendo folleto contra las Cortes.
—¿Yo? Jamás le he echado paja ni cebada al señor Lardizábal.
—Hombre, defendamos la soberanía de la nación.
—Si no tiene más enemigos que Lardizábal... Sopla, y vivo te lo doy...
—Mañana saldrá bueno nuestro Duende.
—Cuando sea diputado—dijo uno que por lo enteco parecía sietemesino—pediré que todos los frailes que hay en España sean destinados a dar vueltas a las norias para sacar agua.
—De ese modo se regará muy bien la Mancha.
—Señores, no olvidarse de que mañana habla Ostolaza y quizás D. José Pablo Valiente.
—Hay que ir a la tribuna.