—Paciencia. Allá va lo que pongo a la voz Fanatismo... «Enfermedad físico-moral, cruel y desesperada, porque los que la padecen aborrecen más la medicina que la enfermedad. Es una como rabia canina que abrasa las entrañas, especialmente a los que arrastran holapandas. Los síntomas son bascas, convulsión, delirio, frenesí; en su último período degenera en licantropía y misantropía, en cuyo estado el enfermo se siente con arranques de hacer una gran hoguera para quemar a medio linaje humano».
—Eso está bien dicho; pero algo frío, Bartolo.
—Duro, más duro en ellos. Veamos cómo te desenvuelves en la voz Fraile.
—Frailes... Atención—continuó el lector—. Una especie de animales viles y despreciables que viven en la sociedad a costa de los sudores del vecino en una especie de café-fonda, donde se entregan a todo género de placeres y deleites, sin más que hacer que rascarse la barriga.
Aquí no pudieron contener los mozalbetes su entusiasmo, y fue tal la algazara y el jaleo de pies y manos, que los transeúntes se detenían en la calle sorprendidos por el estentóreo ruido.
—Vaya, señores, que no leo más—dijo Gallardo guardando sus papeles con orgullo—. Esto va a perder la novedad cuando se publique.
—Bartolo, echa el Obispo.
—Bartolo, léenos el Papa.
—Eso se quedará para mañana.
—Ya andan por ahí los Zampatortas con la cabeza inclinada como higo maduro desde que saben va a salir tu Diccionario.