—Pero ¿a dónde vas tú, a dónde vamos?
—Corramos—dijo aferrándose a mi brazo.
—¿A dónde?
—A la casa de lord Gray.
Aquel nombre encendió de nuevo mi sangre, y pregunté con desabrimiento:
—¿Y a qué?
—A buscar a Asunción. Tal vez lleguemos a tiempo para impedir su fuga de Cádiz... Está loca esa muchacha, loca, loca, loca... Gabriel, ¿con qué objeto entrabas esta noche en la casa? ¿Ibas a buscarme?... ¿Ibas de parte de mi prima?
—Pero lord Gray... Explícame eso.
—Lord Gray entró esta noche. Asunción le esperaba... levantose callandito de su cama y se vistió. Yo desperté también... Asunción se llega a mi cama cuando iba a partir, y besándome, en voz muy bajita me dijo: «Inés de mi corazón, adiós, me voy de esta casa». Yo salté de mi cama, quise detenerla, pero la pícara lo tenía todo muy bien dispuesto y salió con gran ligereza. Quise gritar, pero tuve miedo... La idea de que despertase doña María en aquel instante me hacía temblar... Se fueron muy despacito, y cuando me quedé sola... ¡Ay! La insensatez de esa muchacha, a quien todos tienen por santa, me enardecía la sangre. Lord Gray la ha engañado; lord Gray la abandonará... Vamos, vamos pronto.
—¡Me parece que estoy soñando! De modo que Asunción... ¿Pero qué vamos a hacer, qué vamos a decir a Asunción y a lord Gray?