—Pero... si me permitiera usted que acabara de exponerle...

—Ruego a usted que se retire—repitió con grave acento.

Me retiré, pues, y en el corredor, una puerta se entreabrió para dejarme ver el lindo rostro de Presentación y una blanca manecita que me saludaba.


[XXX]

Poco después entraba en casa de doña Flora. Después de enterar a la condesa del resultado de mi visita, dije a Inés:

—Asunción vendrá aquí. Ahora salía con D. Paco.

Un momento después, Asunción entró y las dos amigas se abrazaban llorando. Salimos del gabinete Amaranta y yo, dejándolas solas para que hablaran a su gusto; pero la condesa apostándose tras de la puerta, me dijo con malicioso acento:

—Yo me quedo aquí para oírlo todo. Será curioso lo que hablen. Ya sabes que en palacio he realizado grandes cosas escuchando detrás de las cortinas.

—No es ningún negocio de Estado lo que van a tratar. Yo me voy.