—¡Cachirulo! Yo no, ¿y usté?
—Tampoco.
—Pues vengan esos cinco mandamientos.
—Allá van, y vivan las Cortes y viva miloro.
—Para cortar la cuestión—dijo lord Gray—yo pagaré a todo el mundo. Poenco, sírvenos.
Las majas que allí había obsequiaron a lord Gray con sonrisas y dichos graciosos; pero el inglés no tenía humor de bromas.
—¿Ha venido María de las Nieves?-preguntó a una.
—Pesaíto está con María de las Nieves. ¿Nosotras somos aljofifas?
—Si miloro va esta noche a mi casa—dijo en voz baja otra, que era, si no me engaño, Pepa Higadillos—verá lo bueno. Mi marío ha ido a comprar burros, y me divierto pa matar la soleá.
—A donde irá miloro esta noche es a mi casa—indicó otra que era ya matrona—. A mi casa va toda la sal del mundo, y si miloro quiere poner un par de pesetas a un caballo, no tengo comeniente... Mi casa es muy principal...