—Reina, aunque aquí hubiera cien mil Requejos y ochocientas mil Restitutas, te sacaría. No llores ni te apures. Pero di, picarona, ¿me quieres ahora menos que antes?

—No, Gabriel —me contestó—. Te quiero más, mucho más.

Hice mucho ruido y di mil besos a la puerta.

—Toca con tus dedos en la puerta para que yo sienta.

Inés dio algunos golpecitos en la madera, y después me interrogó:

—¿Tardarás mucho en sacarme? Escribe a mi tío para que venga por mí.

—Tu tío no conseguiría nada de estos cafres. Espera y confía en mí. Chiquilla, hazme el favor de besar la puerta.

Inés besó la puerta.

—Yo te sacaré de esta casa, prenda mía, o no soy Gabriel —le dije—. Haz por no disgustarles. Si te quieren sacar de paseo, no te resistas. ¿Oyes bien? Déjame a mí lo demás. Adiós, que viene la culebra.

—Adiós, Gabriel. Estoy contenta.