Bien, hijo mío; dame un abrazo. (Le abraza.) Me permitirás que te tutee. No puedo corregir este hábito de familiaridad, desde que entro en Jerusa. (El médico asiente con mudas demostraciones de respeto.)

EL CURA

Y ya, ya sé por qué vienes tan pitre, cañamoncito de Jerusa.

EL MÉDICO

Me han nombrado de la comisión que ha de recibir a la señora Condesa de Laín... Dispénseme, señor Conde, si después de saludarle con el debido respeto, me retiro...

EL CURA

Hijo, no hay prisa todavía.

EL CONDE

Sí, sí: ve, anda.

EL CURA