Y aunque viniera... Nunca está más de dos días o tres. Jerusa es muy chica; y esa necesita tierra ancha para zancajear a gusto.

GREGORIA, asaltada de una idea.

¡Ay, Venancio de mi alma, lo que se me ocurre! ¡No haber caído en ello ni tú ni yo! ¿Apostamos a que Doña Lucrecia viene a llevarse sus niñas?

VENANCIO, permaneciendo largo rato con la boca abierta.

Puede que aciertes... Ya son grandecitas... mujercitas ya. Pues, mira, nos fastidia...

GREGORIA

¡Hijo de mi alma, cuándo nos caerá otra breva como esta!

VENANCIO, paseándose meditabundo.

No es mucho lo que nos pasa cada trimestre por cuidarlas y mantenerlas; pero algo es algo: rentita puntual, saneada... No, no: verás como no se las lleva.

GREGORIA