DOLLY, desde la ventana.

Ya, ya se retiran.

NELL

Parece que van descontentos. ¡Y cómo nos miran!

LA ALCALDESA

No extrañe usted, Condesa, las vehemencias de mi marido. Desde que es edil (marcando bien la palabra), no vive. La fiebre de la cosa pública altera su genio pacífico. Verdad que no hay otro que mejor cumpla, ni que sepa consagrarse tan de lleno a los deberes de un cargo espinoso.

LUCRECIA, por decir algo.

Estos son los hombres, estos son los grandes ciudadanos...

UNA CRIADA, entrando con una bandeja de huevos moles.

Esto mandan a la señora Condesa las monjas Dominicas.