LUCRECIA

¿Pero qué he hecho yo, Sr. D. José de mi alma, para estos obsequios, este entusiasmo?

LA ALCALDESA

Hija, la carretera de Forbes, la estación telegráfica... la condonación...

LUCRECIA

Me bastó pedírselo al Ministro...

EL ALCALDE

Más que todo eso vale el Instituto de segunda enseñanza, que nos disputaban los de Durante. Nada agradecen tanto los pueblos, señora mía, como el que les den algo que se le quita al vecino. Cuestión de amor propio: la entidad pueblo es lo mismo que la entidad persona. Fastidiar al vecino, y caiga el que caiga. Jerusa verá siempre en la ilustre Condesa de Laín una individualidad digna de todos nuestros respetos. Y yo, que llevo el corazón en la mano, que digo siempre la verdad llana y monda... soy así, muy bruto, muy francote... le aseguro a usted que la queremos aquí... como sabe querer Jerusa; y si lográramos que nos concedieran la Escuela de Comercio que pretenden los de Durante, no le quiero decir a usted... La apoteosis que le haríamos retumbaría en la China.

LUCRECIA, sonriente.

Yo sí que no vuelvo de mi apoteosis.