Dispénseme si le digo que se equivoca. El señor Conde no me ha dado ninguna comisión ni recado para la Condesa de Laín.
LUCRECIA
Entonces...
EL CURA
Lo que yo diga será por cuenta mía, por inspiración propia y consejo de amigo.
LUCRECIA, a la Alcaldesa, que se aparta discretamente.
No, no se retire usted, Vicenta. No hablamos nada reservado. Puede usted oírlo... Siga, Don Carmelo. Mi ilustre papá político, como si lo viera, habrá dicho de mí... qué sé yo... horrores espeluznantes.
EL CURA
No, señora. Ni una sola vez la ha nombrado a usted durante la comida.
LUCRECIA