CONSUELITO, a la Alcaldesa.

¿Se puede saber a qué han venido los padricos de Zaratán?

LA ALCALDESA

Visita de parabién, y nada más. (Al Cura.) La verdad, D. Carmelo, aquí que nadie nos oye: ¿D. Rodrigo le dijo o no le dijo a usted los horrores que supone Lucrecia?

EL CURA, escurriendo el bulto.

Psch... Exageraciones, monomanías... chocheces.

CONSUELITO

A esta buena señora no le vendría mal mirar un poquito por su reputación... Ella será buena; pero no puede hacerlo creer a nadie.

LA ALCALDESA

Chitón, Consuelo. Lucrecia está en mi casa.