CONSUELITO

Bueno... lo creo por ser dogma, que si no, no lo creía. Una cosa siento, acordándome de lo del Paraíso... Sí, señor, siento no haberlo visto yo, para que nadie me lo contara.

LA ALCALDESA, viendo llegar a la Condesa.

Silencio... Aquí viene.

LUCRECIA

¡Pobre Senén! Las chiquillas le traen loco.

La inopinada presencia del periodista en la verja de entrada exige nueva intervención de la muleta del señor Alcalde. Preséntase también el director del orfeón. La Alcaldesa se ve precisada a poner coto a los juegos inocentes de sus hijuelos, y acude al estanque, donde se lavan las manos, mojándose la ropita nueva. Nell y Dolly llaman a Consuelito y al Cura. Senén y la Condesa se encuentran un rato solos.

LUCRECIA, sentada a la sombra de una magnolia frondosísima.

Ya sé que has visto a ese hombre, que le has hablado.

SENÉN, en pie, respetuoso.