Viene de malas.

LUCRECIA, disimulando su miedo.

¿Y qué me importa? Forzoso es darle algo para que viva... Me dejará en paz.

SENÉN

Lo dudo... Como soberbio que es, no querrá limosna; como quisquilloso y camorrista, querrá escándalo.

LUCRECIA, trémula.

¡Escándalo!... ¿Qué?... ¿te ha dicho algo?

SENÉN, haciéndose el misterioso.

A mí, no... En Madrid, un amigo mío que vivió en Valencia con el señor Conde, me dijo que este, desde la muerte de su hijo (Dios le tenga en su gloria), no vive más que para un fin: revolver lo pasado, los desechos del pasado...

LUCRECIA