Retírate...
SENÉN
¿Qué... está la señora constipada?
LUCRECIA, burlona.
No, hombre... Es que usas unos perfumes tan fuertes, que no se puede estar a tu lado... Vete ya.
SENÉN, turbado.
Pues yo creía... No molesto más... (Saludando a distancia.) Señora...
LUCRECIA, agitando con su pañuelo el aire, para alejar los miasmas olorosos.
¡Qué desgraciada soy, Dios mío! ¡Tener que soportar a ese animalejo, y oírle, y olerle... solo porque le temo!...
LA ALCALDESA, que vuelve de meter en cintura a sus niños.