¡Mentira! Si le amaba usted, ¿por qué no corrió a su lado al saber que estaba enfermo?

LUCRECIA, sin saber qué decir.

Porque... no sé... Complicaciones de la vida que no puedo explicar en breves palabras. Yo...

EL CONDE

Déjeme concluir... Fácilmente comprenderá mi desesperación al encontrarle muerto. ¡No escuchar de sus labios explicaciones que solo él podría darme! Terrible cosa era perderle; pero más terrible aún verle yerto, frío, mudo para siempre, como le vi yo... y no poder consolarle, no poder decirle: «cuéntame tus martirios, y tu padre te contará los suyos.» (Cruza las manos, sollozando.) ¡Oh, pena inmensa, agonía lenta de mi vejez, más espantosa que cuantos males en todo tiempo sufrí! Verle cadáver, hablarle sin obtener respuesta, sin que a mis caricias respondiese con un gesto, con una mirada, con una voz. ¡Y sabiendo yo el infinito dolor que amargó sus últimos días, ver que todo se lo llevaba, todo, al abismo del silencio, la muerte, sin darme una parte, un poco del dolor suyo, que era su alma!... (La Condesa, agitada y poseída de profunda emoción, llora, apretándose el pañuelo contra los ojos.) ¡Horrible, pavoroso!... Usted no tiene corazón y no sabe lo que es esto. (La ve llorar. Pausa.) ¡Qué hermoso sería que en este instante pudiéramos llorar usted y yo por aquel ser querido!... (La Condesa da algunos pasos hacia él; están a punto de abrazarse... vacilan... El Conde la rechaza secamente.) No... Tú, no... usted, no.

LUCRECIA

Sinceras son mis lágrimas.

EL CONDE

Naturalmente... Viendo mi pena... No es usted de bronce, no es usted una fiera... Pero no, no sostenga que amaba a su esposo; al hombre que se ama no se le engaña solapadamente, pisoteando su honra, y arrojando al escándalo y a la befa del público su nombre sin tacha. (La Condesa inclina la cabeza, y fijos los ojos en el suelo, no dice nada.) Al fin calla usted. Ahora, ahora veo a la desdichada Lucrecia en el único terreno en que debe ponerse, que es el de la resignación sumisa, esperando un fallo de justicia. (Pausa.) ¿Declara usted que su conducta con mi hijo, al menos en determinadas épocas de su vida, no fue buena?

LUCRECIA, tímidamente.