Búsquelas usted... pero antes, ¿reconoce sus faltas?
LUCRECIA, con gran esfuerzo.
Las reconozco. Sería una hipocresía indigna de mí negarlas en absoluto. Pero...
EL CONDE
¿Pero qué...?
LUCRECIA
Digo que Rafael, llevándome desde el principio, contra mi gusto, a la esfera social más favorable a la relajación del vínculo matrimonial, contribuyó a perderme. Me vi rodeada de gente frívola, de aduladores, de personas sin conciencia...
EL CONDE
¡Sin conciencia! Tuviérala usted, ¿y qué le importaban los demás?
LUCRECIA, premiosa.