En aquel ambiente no supe o no pude combatir el mal. A mi lado no tenía un censor severo de mi propia debilidad, un guardián vigilante...
EL CONDE
Difícil es guardar a la que guardarse no quiere.
LUCRECIA, batiéndose desesperadamente.
¡Oh, señor Conde: si hubiera usted encontrado vivo a su hijo, si hubiera podido escuchar de sus labios la confidencia o confesión que deseaba... estoy segura de ello, Rafael, que era sincero y justo, habría tenido la generosidad, la rectitud de decirle: «no solo es ella culpable; yo también...»!
EL CONDE
No lo habría dicho, no.
LUCRECIA, con firmeza.
Creo, como esta es luz, que Rafael, al juzgarme, no habría sido extremadamente duro.
EL CONDE