GREGORIA, que vuelve con la cerveza y copas, y les sirve.

Dime, Senenillo, ¿y para tus medros, no te agarras también a los faldones del señor Conde?

SENÉN

Albrit no tiene una peseta, y nadie le hace caso ya.

VENANCIO

Ese roble ya no da sombra, y solo sirve para leña.

GREGORIA, que sentándose entre los dos bebedores de cerveza, acaricia a Senén.

Vamos a ver, hijo, ¿por qué no nos cuentas el por qué y el cómo de que tan mal se quieran la Condesa viuda y el abuelo? Tú lo sabes todo.

VENANCIO

Vaya si lo sabe; pero no muerde el gozque a quien le da de comer. (Senén paladea la cerveza, dándose aires de madrileño, y calla.)