GREGORIA
Ya lo ves: callado como un besugo. Dinos otra cosa. Será cuento todo eso que se dice de tu señora... Es cuento, ¿verdad?
SENÉN, enfático.
Me permitiréis, queridos amigos, que no hable mal de mi bienhechora. Os diré tan solo que es un corazón tierno, y una voluntad generosa y franca hasta dejárselo de sobra. No le pidáis gazmoñerías, eso no. Es mujer de muchísimo desahogo... Compadece a los desgraciados y consuela a los afligidos. Y como persona de instrucción, no hay otra: habla cuatro lenguas, y en todas ellas sabe decir cosas que encantan y enamoran.
VENANCIO
Todas esas lenguas, y más que supiera, no bastan para contar los horrores que acerca de ella corren en castellano neto.
SENÉN, endilgando sabidurías que aprendió en los cafés.
¡Horrores!... No hagáis caso. La honradez y la no honradez, señores míos, son cosas tan elásticas, que cada país y cada civilización... cada civilización, digo, las aprecia de distinto modo. Pretendéis que la moralidad sea la misma en los pueblos patriarcales, digamos primitivos, como esta pobre Jerusa, y en los grandes centros... ¿Habéis vivido vosotros en los grandes centros?
VENANCIO
Ni falta.